Juan Pablo Russo
22/09/2009 10:20

Sin duda, a la hora de emprender un proyecto cinematográfico, en la mayoría de los casos y sobre todo cuando el proyecto a encarar es una biopic, priman las mejores intenciones. Lástima que, muchas veces, sólo queda la buena intención ante un desafortunado producto final. Este es el caso de Homero Manzi, un poeta en la tormenta. Un docudrama impropio cargado de errores y desaciertos.

Homero Manzi, un poeta en la tormenta

(2009)

La vida de Homero Manzi es retratada por Eduardo Spagnuolo en un docudrama donde se mezcla la ficción con imágenes de archivos. Carlos Portaluppi es el encargado de personificar a Manzi cuando éste ya era un adulto y perfilaba a convertirse en la figura que fue, a pesar de que la muerte lo alcanzará apenas cumplidos los 43 años.

La principal falencia que presenta Homero Manzi, un poeta en la tormenta es la de mezclar la ficción con el documental sin una coherencia de estilo. A diferencia de lo que se vio en los últimos tiempos, como fue el caso de Haroldo Conti: Homo Viator de Miguel Matto (2009) en el que la ficción era funcional a la documentalización de las imágenes sirviendo para esclarecer hechos y adentrarnos en la literatura de Haroldo Conti; en el film de Eduardo Spagnuolo funciona de manera contraria, no sòlo provocando confusión ante los hechos históricos sino que hasta se torna innecesaria. Por un lado, tenemos a Carlos Portaluppi personificando a Manzi, en un tono sobreactuado, por otro escuchamos de manera extradiegética las canciones que hicieron popular al poeta y por separado una sucesión de imágenes, recortes y datos de color. El conflicto radica en que todo se mezcla como si fuera un popurrí y la historia pierde interés, coherencia narrativa e histórica.

Otro de los grandes defectos que presenta el film es el de la construcción histórica, ya sea por un problema de producción, costos o falta de conocimiento. El vestuario utilizado pareciera salir recién de la modista, aún en momentos en el que este debiera percibirse avejentado. Las telas utilizadas tampoco condicen con la época, esto puede apreciarse en las escenas de baile dónde los vestidos de las damas quedan estáticos ante los movimientos, sin duda realizados con materiales en los que predomina el nylon, un material inexistente en las telas de la primera mitad del siglo XX. En una realización de época detalles de este tipo no sólo son de vital importancia, sino que -además- le brindan credibilidad al resultado final.

Para imprimirle una estética moderna se le estamparon a las imágenes intertítulos que no aportan datos necesarios alguno, sino que paradójicamente repiten lo que ya dijo, contó o mostró de antemano, produciendo una redundante repetición de la información que terminan por saturar al espectador.

Carlos Portaluppi, quien ya había demostrado en anteriores films su histrionismo actoral, crea un personaje chato, sin crescendo dramático y por momentos dudatativo de la personificación. La sensación que provoca es que, ante la más que notaria carencia en la dirección de actores, hizo lo que pudo y como pudo para no caer en el ridículo, obviamente sin lograrlo.

Homero Manzi, un poeta en la tormenta, sin duda, fue concebida para llegar a un público for export –que el único complejo que la estrene sea el Hoyts del Abasto no es un dato menor- al que se lo subestima de una manera a adrede. Resulta una lástima que una producción, que según dijo su director, tuvo todo el apoyo económico de sus productores, se haya convertido en un pastiche cinematográfico. Un cine añejado, debido a la forma que fue plasmada en la pantalla y la concesión de lo artístico y comercial.

2.0

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