Juan Pablo Russo
01/08/2009 21:35

El cine de Lisandro Alonso despierta, a la vez, una multitud de pasiones como aborrecimientos, muchos lo catalogan de genio incomprendido y otros, en su mayoría, de ser un director sobrevalorado por cierto sector de la crítica. Su última realización Liverpool, seguramente generará las mismas controversias.

Liverpool

(2009)

Farrel, trabaja en un barco, después de muchos años vuelve a la patagonia y decide, aprovechando la estadía, ir a ver si su madre aún está con vida. Para eso empieza una travesía hasta Liverpool, un pequeño pueblo perdido en el sur del país.

Lisandro Alonso, fiel a su estilo, decide contar la historia de este hombre tan apático como creíble desde el uso de los tiempos muertos. Para eso nos ofrece un relato en el que ha simple vista no sucede nada, para eso decide retirar la cámara de los momentos en los que la acción surge para fundir a negro y volver al instante con una nueva escena totalmente diferente a la anterior. El espectador formará parte de este juego cómplice que le propone Alonso,obviamente si acepta las reglas.

El uso del sonido en primer plano y casi siempre en fuera de campo, es otra de las virtudes o no, de la propuesta de Alonso. Uno querrá ver mas allá de lo que sus ojos pueden ver pero, por la elección del director, esto será imposible.

Otro de los meritos de Liverpool es el excelente uso de la fotografía que nos propone Lucio Bonelli, cada toma, realizada con una cámara fija, se asemejan a pequeñas reproducciones expresionistas pero con un realismo inusitado.

Alonso, puede ser amado u odiado, criticado o venerado, catalogado de filmar para festivales y no para el público. Pero si hay algo que no se le puede cuestionar es su personalísima forma de filmar pequeñas historias que para cualquier mortal pasarían inadvertida. Usted puede elegir.

8.0

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