Juan Pablo Russo
14/06/2009 00:43

Luego de su ópera prima Ana y los Otros, que le valió cierto reconocimiento internacional, Celina Murga vuelve al cine con Una semana solos, film coral adolescente -más cercano al cine de Gus Van Sant (Paranoid Park, Elefant) que al de su padrino artístico Martin Scorsese-  dónde la abulia pasa a ser la principal protagonista de una historia en dónde aparentemente nada sucede.

Una Semana Solos

(2007)


Un grupo de chicos –hermanos y primos- de clase social media alta, habitantes de un country de la zona norte de Buenos Aires quedan durante una semana al cuidado de la doméstica ante el viaje de sus padres. La aparente monotonía de esos días se verá modificada cuando el hermano de la mucama llegue a pasar unos días de vacaciones. El joven pese a sus diferencias sociales se ¿integrará? al grupo  provocando rupturas y limaduras entre sus integrantes, aún sin proponérselo.

Murga, que acaba de ganar le beca Rolex que le brinda la tutoría artística de Martin Scorsese (Taxi Driver, Buenos Muchachos, Los Infiltrados) crea un relato cinematográfico a partir de una historia en la que la nada misma pareciera ser su principal protagonista. Pero a partir de la utilización del suspenso, el film se vuelca hacia un costado en dónde lo policial y el drama se entremezclan con la apatía que prima sobre sus protagonistas.

Si hay algo que reconocerle a la directora es la forma de crear suspenso en dónde no lo hay. A medida que el film transcurre, el espectador se va tensionando ante lo que aparentemente pueda suceder, siendo esto solo algo ilusorio  en la mente de cada uno y no así en el film. Es como si uno estuviera preocupado por un vidrio que va a estallar en algún momento, aunque por ahí nunca estalle o el estallido sea insignificante. Esta sutileza es la que propone Murga durante todo el film, siendo el elemento constructivo de un relato que por momentos puede resultar intranscendente.

Protagonizada casi en su totalidad por niños y adolescentes no profesionales a los que la realizadora dirige con maestría y exactitud. El film propone personajes construidos desde la naturalidad misma, aportándole el tono actoral necesario sin caer en sobreactuaciones ni en estereotipos superfluos.

Una semana solos puede considerarse como un film pasivo, esos de los que muchos reniegan argumentando que no cuenta una historia, que carece de diálogos, y un sinfín de formas más. Pero por el contrario no es eso lo que propone; sino la de acercarnos a un mundo que para bien o para mal existe y que el cine puede reflejar. Una historia de un Nuevo Cine Argentino que lamentablemente no es profeta en su tierra.

8.0

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