Juan Pablo Russo
25/04/2009 18:23

Si algo hay que reconocerle a Pablo Trapero, es la coherencia narrativa y estética de su obra, desde Mundo Grúa hasta su mas reciente producción, Leonera, el lenguaje visual utilizado, si bien ha evolucionado, sigue los cánones que desde un principio caracterizó a uno de los realizadores noveles del Nuevo Cine Argentino (NCA): utilización de actores no profesionales, planos morosos, uso de elipsis temporales casi constantes y evasión del plano contraplano; son solo algunas de las características inquebrantables de una cinematografía en evolución.

Leonera

(2008)

La realización tomó como eje de la historia, el pabellón de embarazadas o madres con hijos de hasta cuatro años de una cárcel de mujeres, usando como nexo conductor la historia de Julia Zarate (Martina Gusmán) acusada de haber asesinado a su novio, en un hecho impreciso, donde también se encuentra implicado el amante de él, (Rodrigo Santoro) convirtiendo la relación en una ambigüedad no resuelta en la trama, pero sin modificar la estructura narrativa de la misma, ya que esto no es lo importante, es utilizado como un recurso literario para narrar una historia mas profunda: como es la vida de estas madres y sus hijos dentro de la cárcel.

Pablo Trapero utiliza constantemente la cámara (a través de su director de fotografía fetiche Guillermo Nieto) para espiar lo que sucede dentro de un espacio cerrado, pero sin crear la claustrofobia redundante que ejerce una cárcel. Como si fuera un voyeur va siguiendo a cada uno de los personajes, (muchos de ellos reales) remitiendo casi constantemente al neorrealismo italiano, pero con una agilidad narrativa pocas veces vista en el cine nacional.

La construcción de los personajes es de un perfeccionamiento casi permanente en el transcurso del filme. Cada uno va progresando de una manera notable dentro de la opresión sometida (si comparamos el principio con el final, diríamos que los actores han sido cambiados). Además de un cambio estético hay un cambio orgánico dentro de ellos.

La  utilización de elipsis temporales es otro de los meritos de Leonera, en  casi 110 minutos de proyección transcurren cuatro años en la vida Julia, para ello, el director, se sirve de fundidos a negro o cambios en lo visual de los personajes (embarazos, color del pelo, crecimiento de los niños, etc.) evitando desorientar al espectador acerca del empleo del tiempo.

Sin duda Trapero, al igual que Burman y Caetano, cada día se alejan más del llamado NCA, pero sin perder el estilo y la coherencia que ya son marca personal dentro de una filmografía selecta. Leonera, sin duda, es una de las grandes películas del 2008, ojala el publico la acompañe.

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