Juan Pablo Russo
08/04/2009 19:36

Al igual que en XXY, Lucía Puenzo vuelve al cine con una película dónde el conflicto sexual es el protagonista de una historia que rompe con la temporalidad trabajada sobre registros de género.

El Niño Pez

(2009)

Lala (Inés Efron) es la hija de un juez,  Aillín (Emme) la doméstica de la casa. Lala y Aillín viven una historia de amor lésbico que las lleva a robar, matar y escapar para defender lo que sienten.

Si hay algo que Lucía Puenzo trabaja en el film es el registro de géneros. La historia que comienza como un melodrama va a ir cambiando constantemente para pasar al thriller, al policial, la típica historia de iniciación y terminar como una película de acción con fuga incluida. A pesar de lo ínfimo de la historia la trama está cargada de un  ritmo vertiginoso que la vuelve dinámica e intrigante.

A través de las temporalidades alternadas, el film va desarrollando la narración en diferentes épocas y estados de los personajes; y esto es lo que hace, que se necesite de un espectador participe para ir actuando de manera sistemática con lo que se está contando y de esa manera articular la trama.

Tanto Inés Efron como Emme, componen dos personajes cuyas vidas están al límite. Amores posesivos, familias que prefieren callar antes de afrontar la verdad, incesto, parricidio y la leyenda de El niño pez como marco metafórico de un relato potente en forma y estructura. Emme es sin duda la revelación del film en un personaje tan ambiguo como determinante de la resolución del conflicto. El elenco  se completa con Arnaldo André, en la mejor actuación de toda su carrera, junto a Sandra Guida, Paloma Contreras y Diego Velázquez.

Al igual que la marcación actoral, los aspectos técnicos están cuidados a la perfección; tanto la dirección de fotografía a cargo de Rodrigo Pulpeiro, que logra crear diferentes climas ya sea para las temporalidades como los estados que atraviesa el film; y  la edición de Hugo Primero que alternadamente y como un rompecabezas va armando una historia que se desarrolla en dos tiempos al unísono.

En El niño pez se calla más de lo que dice y eso es lo que la vuelve en cinematografía pura. Imágenes y silencios se conjugan de manera unánime para crear un relato solvente que crece a medida que transcurre el tiempo.

Lucía Puenzo nos presenta  una de las películas más impredecibles que el cine haya dado en mucho tiempo: suspenso, acción, drama, romance, lo tiene todo; y un final que lejos de toda moralina y redención sorprenderá a más de uno. Una película difícil que merece ser vista.

8.0

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