Juan Pablo Russo
08/04/2009 19:12

Camila Gusmán Urzúa, es chilena, hija del director Patricio Guzmán, pasó su infancia y adolescencia en Cuba como producto del exilio impuesto por la dictadura de Pinochet. Ya adulta vuelve a Cuba para pintar uno de los retratos mas objetivos sobre los pro y contra de la revolución y su permanencia en el tiempo.

El telón de azúcar

(2005)

El telón de azúcar es un documental en primera persona, la misma directora es quien se encarga de hilvanar los hilos narrativos de la trama desde una voz en off en la que relatando la historia. Para ello se nutre de imágenes de archivo, fotos, periódicos, testimonios actuales e imágenes que ella mismo fue tomando.

Sin duda, el punto más sobresaliente de esta realización es la de no estar a favor ni en contra, sino la de mantenerse en un punto neutral. La revolución que fue ya no es lo que era. Para eso crea un paralelismo con su infancia y la actualidad. Antes todos luchaban por lo mismo, ahora producto de la crisis, son los mismos que se quieren ir o que ya se fueron.

Imágenes de archivo van intercalándose para mostrar porqué Cuba llegó a ser lo que era y como todo se fue desmoronando. La negación implícita a la caída del Muro de Berlín, la idea de sostener la economía en la desaparecida Unión Soviética, el ingreso de divisas capitalistas y la clara diferenciación de clases sociales de la actualidad, provocaron la idea de la migración por parte de las generaciones más jóvenes. Gusmán Urzúa no juzga, solo compara y testimonia, lo cual es fundamental en la construcción documental de la historia.  Muestra dos partes de la realidad con imparcialidad, para que sea el propio espectador quien saque sus propias conclusiones.

Sobre el final del film vemos un recuento de los amigos de la directora que también han decidido partir buscando el cambio. Este es el más elocuente de los epílogos para El telón de azúcar, el cambio de los que se fueron, el de los que decidieron probar una nueva vida.

6.0

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