2026-10-21

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Crítica de "5-5-5": cuando la búsqueda de una señal se convierte en obsesión

El conflicto que sostiene 5-5-5 (2011), de Gustavo Giannini, aparece en la distancia entre interpretar una imagen y convertirla en una certeza. Allí se juega la transformación de su protagonista: un profesor de filosofía y lógica que, frente a aquello que no puede explicar, comienza a organizar su vida alrededor de señales. La película encuentra en ese desplazamiento una vía para el suspenso, aunque por momentos la acumulación de información sobre las psicografías de Benjamín Solari Parravicini ocupa el lugar que debería tener el desarrollo del misterio.

Gabriel (Antonio Birabent) trabaja en una escuela secundaria nocturna y acaba de separarse de su esposa. Su rutina cambia cuando una alumna (Belén Chavanne) lo acerca a los dibujos del artista y luego desaparece sin aviso. El intento de entender esa ausencia lo lleva a investigar las imágenes y sus supuestos anuncios del futuro. Con la ayuda de su primo Tony (Gonzalo Suárez), recorre una trama de encuentros y revelaciones que alimentan su obsesión, mientras el desenlace empieza a insinuarse con demasiada anticipación.

Giannini, también responsable del guion, plantea una tensión entre la formación del personaje y su creciente dependencia de las interpretaciones proféticas. Gabriel enseña a razonar, pero empieza a leer cuanto le sucede como parte de un mensaje que lo involucra. Esa contradicción permite que la investigación funcione, además, como el registro de una pérdida de control: cada respuesta abre otra pregunta y cada coincidencia parece exigir una explicación. El problema surge cuando el relato insiste en explicar el universo de Parravicini y reduce el espacio para que esa transformación se exprese mediante las acciones.

La referencia recurrente a un dibujo de 1939, que algunos intérpretes vinculan con el atentado contra las Torres Gemelas, concentra esa dificultad. La película incorpora estas lecturas como combustible del enigma, pero la reiteración termina debilitando su efecto. Inspirada en publicaciones de Sigurd von Wurmb, Pedro Romaniuk y Norberto Pakula, reúne datos y asociaciones que pueden resultar difíciles de seguir para quien desconozca la obra del artista. La confusión, sin embargo, no depende solo de los conocimientos del espectador: también responde a una narración que no siempre establece una jerarquía entre la información que aporta y lo que necesita para avanzar.

Birabent sostiene el recorrido de Gabriel al darle continuidad al pasaje de la curiosidad a la obsesión. Su interpretación vuelve reconocible el desgaste de un hombre que busca respuestas y termina subordinado a esa búsqueda. Suárez introduce, a través de Tony, momentos de humor que modifican el ritmo y le dan al vínculo entre ambos una función más allá de la investigación. Las apariciones de Nancy Anka, Adrián Yospe, Rolando Graña, Ricardo Bauleo, Atilio Pozzobón, Daniel Fanego y Norman Briski acompañan las distintas estaciones del recorrido, aunque la sucesión de personajes también refuerza por momentos una estructura basada en recibir una pista y pasar a la siguiente.

Es en la puesta en escena donde Giannini consigue que el suspenso se desprenda de las explicaciones. La persecución por los vagones de la línea B del subte, que continúa hasta la calle, convierte el espacio cotidiano en una amenaza. La cámara en mano acompaña la huida y restringe la posibilidad de anticipar de dónde vendrá el peligro. La secuencia muestra lo que la película alcanza cuando trabaja con el movimiento, el encuadre y la incertidumbre: la inquietud de Gabriel deja de ser un asunto que se cuenta para convertirse en una experiencia que el espectador comparte.

5-5-5 encuentra así su mayor interés en el efecto que las profecías producen sobre quien necesita creer en ellas. El desenlace previsible y la sobrecarga de explicaciones limitan una propuesta que dispone de recursos para construir tensión y de un protagonista capaz de sostenerla. Cuando confía en esos elementos, el film logra que una búsqueda de conocimiento se convierta en una forma de encierro. Su mejor hallazgo está en Gabriel: cuanto más cree descifrar el futuro, menos puede decidir sobre su presente.

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