2026-10-07

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Crítica de “Carrie”: serie de Mike Flanagan sobre la novela de Stephen King

El despliegue argumental de la novela en ocho episodios de casi una hora implica desarrollar varias de las aristas planteadas en la historia original. Y la serie Carrie (2026) transita, en buena medida, por los lugares previstos: la escuela y sus compañeras que le hacen bullying, su padre ausente, el vínculo tóxico con su madre ultra fanática y religiosa —interpretada por Samantha Sloyan, a imagen y semejanza de la Sissy Spacek de la película— y el barrio, donde encuentra refugio en una vecina amistosa.

En ese sentido, Carrie no deja de ser una serie de preparatoria: la experimentación juvenil, el despertar sexual y el hostigamiento adolescente se combinan para explorar los miedos propios de esa etapa. Un coming of age telequinético.

El agregado está en las problemáticas contemporáneas vinculadas con las inseguridades juveniles: los tiroteos en las escuelas secundarias, naturalizados al extremo de incorporar detectores de armas en las entradas y simulacros de atentados periódicos; y el bullying a través de las redes sociales, más agresivo y psicológicamente violento para la protagonista. Ambos elementos ofrecen ideas interesantes que la serie podría desarrollar y explorar.

En ese mismo sentido, resulta curioso que Carrie (Summer H. Howell), que no tiene acceso a internet ni teléfono en su casa, les pregunta a sus compañeras por los libros que han leído. Ella es, literalmente, un sapo de otro pozo, pero sus amigas de curso desconocen por completo cualquier mundo que exista por fuera de las pantallas. El gesto revitaliza la imagen virginal de Carrie y, al mismo tiempo, la emparenta con sus compañeras en una misma ignorancia respecto de otras esferas de la vida.

Pero, claro, estos elementos, por interesantes que sean, no alcanzan por sí solos para sostener una trama que en los años setenta dio origen a una película de menos de noventa minutos. La pregunta inevitable es: ¿cómo estirar la historia hasta ocho episodios?

Ahí aparece la conexión entre Carrie, sus poderes sensoriales y otros adolescentes con capacidades especiales. Una suerte de X-Men del terror que entrarán en acción cuando sea necesario. El recurso es un arma de doble filo: puede servir para ampliar el universo de Carrie, pero también corre el riesgo de distorsionar su esencia hasta el punto de convertir la novela de King y la película de De Palma en poco más que un recuerdo que añorar.

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