2026-09-25

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Crítica de "Granada y al paraíso": el fin de una pareja en un mundo que sigue

En 2012, mientras circulaban los pronósticos sobre el fin del mundo atribuidos al calendario maya, un matrimonio se separa en Buenos Aires. Para los protagonistas de Granada y al paraíso (2015), el derrumbe ocurre en la vida cotidiana: cada uno debe aprender a habitar una realidad que le resulta ajena. La pregunta ya no es solo si pueden recuperar lo perdido, sino cómo seguir adelante cuando todavía queda algo de esperanza.

En su segundo largometraje de ficción, después de Capital (todo el mundo va a Buenos Aires) (2007), Augusto González Polo organiza la historia como un relato fragmentado. La estructura acompaña la ruptura y permite observar, desde ambos puntos de vista, dos maneras de atravesar el duelo. La separación es un tema frecuente en el cine; aquí, el interés reside en cómo la película construye la distancia entre quienes compartieron una vida.

Granada y al paraíso asume riesgos formales que se perciben en su montaje y en la composición de las imágenes. Algunos planos y encuadres, sostenidos por el trabajo de fotografía, expresan más que los diálogos. Allí aparece también uno de sus límites: ciertas frases se acercan a la autoayuda y al espiritualismo, mientras que los problemas de sonido interrumpen por momentos la experiencia.

La película encuentra su forma cuando deja espacio para los silencios y las imágenes. En ese recorrido, González Polo convierte una historia de separación en una exploración de lo que permanece después de una pérdida.

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