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Crítica de "Maracaibo": el policial como camino hacia la culpa de un padre
Gustavo (Jorge Marrale) es médico y vive con su esposa Cristina (Mercedes Morán) y su hijo Facundo (Matías Mayer). Una noche, dos delincuentes entran en la casa y, durante el robo, Facundo recibe un disparo mortal. La pérdida obliga a Gustavo a enfrentar las culpas que arrastraba desde antes del asesinato: no había logrado aceptar la homosexualidad de su hijo ni construir un vínculo cercano con él. Buscar a los responsables se convierte, para Gustavo, en una forma de lidiar con aquello que evitó mientras Facundo vivía.
Marrale interpreta a Gustavo desde la contención. Su personaje atraviesa el duelo sin poder separar el dolor por la muerte de Facundo de la responsabilidad que siente por la distancia entre ambos. La casa, antes expresión de su posición económica, se transforma en un espacio de encierro. Rocca aprovecha esa atmósfera cercana al noir para seguir a un hombre que oscila entre la culpa, la necesidad de castigo y el impulso de ejercer violencia.
El crimen y la investigación organizan el relato, pero también impulsan el recorrido interior de Gustavo. A medida que se acerca a los culpables, se enfrenta a sus propios temores y a la relación que ya no puede reparar. La película extiende ese conflicto a otros vínculos entre padres e hijos, hasta llegar a los delincuentes responsables del asesinato, que también forman una dupla de padre e hijo.
Maracaibo comienza con una relación dañada y se interna en las consecuencias de una muerte que vuelve imposible cualquier reconciliación. Así, la inseguridad deja paso a una historia sobre el duelo, la culpa y la violencia. Aunque el conflicto inicial pierde fuerza en algunos tramos, la actuación de Marrale sostiene una película que encuentra en los recursos del policial una vía para examinar lo que Gustavo nunca pudo decirle a Facundo.