2026-09-15

Festival de San Sebastián 2026

Ocho películas iberoamericanas compiten por el Premio de la Cooperación Española

Un niño intenta comprender la desaparición de su padre. Una madre busca a su hijo en las huellas del conflicto armado colombiano. Dos hermanos llegan a Madrid con la expectativa de reconstruir una familia. Un músico convierte el rock and roll en un gesto de libertad bajo la dictadura paraguaya. Estos relatos forman parte de las ocho películas que competirán por el XII Premio de la Cooperación Española en la 74ª edición del Festival de San Sebastián.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) concede el reconocimiento desde 2015. El premio distingue a una producción iberoamericana que contribuya al desarrollo humano, la erradicación de la pobreza y el ejercicio de los derechos humanos.

La película ganadora recibirá 10.000 euros y se conocerá el 26 de septiembre durante la gala de clausura en el Kursaal. El jurado estará presidido por Inés López del Pino, jefa de Comunicación de la AECID, e integrado también por la cineasta Marina Palacio y el crítico Eduardo Ranero.

Infancias atravesadas por secretos y ausencias

La competencia incluye dos producciones de la sección New Directors. En El mal hijo, dirigida por Jaime Lorente, Rubén tiene once años cuando su padre desaparece. Obligado a mudarse con una abuela a la que apenas conoce, llega a un entorno rural donde comienza a descubrir que las heridas familiares pueden transmitirse entre generaciones.

El peso de la pérdida también recorre Morro, del mexicano Rodrigo García Sáiz. Mateo trabaja como veterinario en un pueblo dominado por una violencia que permanece latente. Desde la muerte de su hijo, vive encerrado en una rutina sostenida por la culpa. La llegada de Morro, el perro herido de un capo local, modifica ese equilibrio: el cuidado del animal construye una relación sin palabras desde la cual el protagonista intenta recuperar un sentido para su vida.

Migración, justicia y memoria en Horizontes Latinos

Cinco de las candidatas forman parte de Horizontes Latinos. Una de ellas es Ceniza en la boca, dirigida por Diego Luna. Lucila y su hermano Diego abandonan México para reunirse en Madrid con su madre, quien lleva ocho años trabajando sin documentación para mantenerlos. El viaje, impulsado por la promesa de una vida distinta, los enfrenta con una realidad marcada por la precariedad y la distancia acumulada.

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En Chicas tristes, Fernanda Tovar sitúa el conflicto dentro de un equipo de natación. La Maestra y Paula son amigas y competidoras hasta que un incidente durante una fiesta altera la relación. Paula quiere guardar silencio; la Maestra reclama justicia. Entre ambas decisiones se abre una disputa sobre la amistad, la confianza y la posibilidad de acompañar a quien atravesó una situación de violencia.

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La búsqueda de una madre conduce el relato de Cinco años, cuatro meses, de Juan Miguel Gelacio y Esteban Hoyos García. Martha perdió el rastro de su hijo durante el conflicto armado colombiano. Después de recibir otro resultado negativo en una exhumación y agotar las respuestas institucionales, conoce a Sandra. Juntas viajan hacia un pueblo de las llanuras, impulsadas por el rumor de que allí es posible pedirle un favor a un muerto.

En Narciso, Marcelo Martinessi se traslada al Paraguay de 1959. Bajo el control del régimen militar, Narciso regresa de Buenos Aires fascinado por el rock and roll. Su presencia en la radio y su manera de vivir lo convierten en una figura asociada con la libertad. Cuando aparece muerto después de su último espectáculo, la pregunta por lo sucedido choca con un país organizado alrededor del miedo y el silencio.

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La memoria familiar ocupa el centro de Seis meses en el edificio roza con azul, de Bruno Santamaría Razo. A comienzos de los años noventa, Bruno cumple once años, se enamora de su amigo Vladimir y descubre que su padre tiene VIH. Treinta años después, la cámara le permite regresar a esos recuerdos y reinterpretar aquello que no pudo comprender durante su infancia.

Un mapa sonoro contra el olvido

La octava candidata llega desde Zabaltegi-Tabakalera. En Lejos de los áboles, Meritxell Colell Aparicio acompaña a Adela, una artista sonora mexicana que viaja desde la selva hasta los Andes peruanos junto con Lucho, su guía y traductor.

El recorrido sigue la memoria de su abuelo, un republicano catalán exiliado en México, y busca registrar lenguas en peligro de desaparición. A medida que avanza, el mapa sonoro también se transforma en una exploración de la muerte, la infancia y la necesidad de preservar aquello que puede perderse.

Las ocho películas proponen recorridos geográficos y conflictos diferentes, pero comparten una pregunta: cómo contar una vida cuando la violencia, el desarraigo o el silencio intentan borrar sus huellas. Esa relación entre cine, memoria y derechos humanos definirá la decisión del jurado en San Sebastián.

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