2026-09-12

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Crítica de "Enfrentados: Marfil": mucho lujo para tan poca película

Marfil Cortés es hija de un empresario español y lleva una vida privilegiada en Nueva York hasta que un secuestro altera la rutina familiar. Aunque la liberan sin una explicación aparente, el episodio lleva a su padre a contratar a Sebastián Moore, un guardaespaldas que deberá acompañarla a todas partes. Ella se resiste a perder su independencia; él mantiene una distancia que pronto comienza a reducirse. Entre discusiones y miradas, la atracción avanza con mayor rapidez que la investigación. Cuando ambos regresan a España y las amenazas se multiplican, Marfil descubre que los negocios de su familia esconden una trama de secretos, alianzas y traiciones.

Enfrentados: Marfil (2026) es la primera película basada en la bilogía de Mercedes Ron y también una extensa preparación para la segunda entrega. Durante buena parte del metraje, el guion acumula sospechas sin desarrollarlas y anuncia peligros que rara vez modifican la historia. Todo se reserva para los últimos quince minutos, cuando la acción irrumpe con la tarea de justificar el suspenso prometido y dejar abierto el camino hacia la continuación. A esa altura, el desenlace no sorprende: llega después de una película que confundió el misterio con la demora.

Ester Expósito interpreta a Marfil con una entonación monocorde que reduce los cambios emocionales del personaje. Hugo Diego García construye a Sebastián desde la rigidez y adopta un acento tan forzado que su procedencia termina siendo uno de los enigmas centrales. Aun así, existe química entre los protagonistas y el vínculo entre ambos sostiene algunas escenas. También funciona la estética: hoteles, mansiones, automóviles, vestuario y canciones pop exhiben el presupuesto invertido. La película luce cada uno de esos recursos con precisión, aunque ninguno alcanza para darle vida al relato.

El problema de Enfrentados: Marfil no es el uso de fórmulas conocidas, sino la ausencia de una mirada capaz de renovarlas. La relación entre una heredera condicionada por los negocios de su padre y un guardaespaldas obligado a ocultar información podía explorar el poder, la dependencia y la violencia familiar. Sin embargo, esos conflictos quedan reducidos a piezas de una trama diseñada para continuar en otra película. El romance depende de la química de sus intérpretes y el thriller comienza cuando ya se aproxima el final. Hay presupuesto, promoción y una segunda parte asegurada; la primera, en cambio, todavía busca una razón para existir.

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