2026-09-08

Salas

Crítica de “El heladero: Dulce sabor a muerte”: El postre visceral de Eli Roth

Con El heladero: Dulce sabor a muerte (The Ice Cream Man, 2026), el director de Hostel (2005) hace un film simple y directo, surgido del más abominable cine basura editado en VHS. Una película construida a partir de una premisa absurda, unas cuantas imágenes macabras y el deseo de llevarlas hasta las últimas consecuencias.

Un heladero recorre un pequeño pueblo a bordo de su legendario carrito, de esos que circulaban en el siglo pasado, acompañado por una música infantil que rápidamente se convierte en uno de los leitmotivs de la película. Mientras reparte sus dulces, los niños comienzan a matar a sus padres y madres, profesores del colegio y vecinos, poseídos por el maleficio como una suerte de zombis. Solo se salvan el niño con intolerancia a la lactosa y la niña bulímica, quienes no prueban el helado.

La trama avanza como una bola de nieve, de esas en las que la acumulación termina imponiéndose sobre la coherencia. Cada nuevo asesinato busca superar al anterior en crueldad, mutilaciones y cantidades de sangre, antes que construir una lógica narrativa capaz de justificar lo que está sucediendo. El propio Eli Roth contó que la idea surgió de un sueño en el que visualizó un par de niños jugando con tripas humanas. Y eso parece definir buena parte del espíritu del film.

La película parece más interesada en construir una estética a partir del camión, el personaje del heladero, la melodía infantil y los dibujos animados en blanco y negro, que en contar una historia. La idea es simplemente transformar una imagen asociada con la infancia, la diversión y la inocencia en un universo progresivamente siniestro. En ese sentido dialoga con Los niños del maíz (Children of the Corn. 1984), El pueblo de los malditos (Village of the Damned, 1995) y La hora de la desaparición (Weapon, 2025), entre otras.

Así, El heladero: Dulce sabor a muerte se limita a recrear al denominado "cine basura" de antaño. Dejando en claro que Roth no vino a servir un postre sino a convertir la infancia en una carnicería.

Te puede interesar