2026-09-06

Filosofía frente a las certezas

Dos libros para pensar y desconfiar: Entre Dardo Scavino y Vilém Flusser

La filosofía adquiere mayor potencia cuando deja de explicar el mundo y comienza a incomodarlo. Cuando no se presenta como un conjunto de respuestas pronunciadas desde una tarima, sino como una práctica capaz de detectar aquello que se repite sin advertirlo. Curso de filosofía. De Sócrates a Foucault, de Dardo Scavino, y De la duda, de Vilém Flusser, avanzan por ese camino. No enseñan qué pensar. Se preguntan por qué pensamos como pensamos.

El libro de Scavino, publicado por Anagrama, nació de un proyecto televisivo que no llegó a realizarse. En 2001, una productora argentina le propuso escribir catorce capítulos alrededor de una pregunta conocida: “¿Qué es la filosofía?”. Scavino prefirió cambiarla por otra: “¿Qué hace la filosofía?”. La crisis económica terminó con la serie y los borradores quedaron guardados durante años. El fracaso de aquel proyecto terminó produciendo un libro.

La modificación parece pequeña, pero reorganiza todo el recorrido. Preguntar qué es la filosofía conduce a una definición; preguntar qué hace obliga a observarla en movimiento. Scavino no presenta a Sócrates, Kant, Mary Wollstonecraft, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein o Foucault como estaciones de una cronología. Los reúne para seguir una operación que atraviesa sus diferencias: escuchar los discursos de una sociedad y descubrir las reglas que actúan dentro de ellos.

Nadie habla desde un lugar vacío. Cada época distribuye palabras, jerarquías y formas de interpretar la experiencia. Antes de formular una opinión ya se utiliza una gramática que establece qué puede decirse y, muchas veces, qué puede imaginarse. Scavino encuentra allí una forma de poder menos visible que la prohibición. El lenguaje no solo comunica lo pensado: también organiza las condiciones de ese pensamiento.

Uno de los puntos centrales del libro es su resistencia a convertir la filosofía en prédica o militancia. Scavino no propone reemplazar unas certezas por otras, sino exponer las normas que gobiernan los razonamientos. Recurre al cine, la literatura, las historias de filósofos y las anécdotas personales porque las ideas, en su lectura, no viven encerradas en los libros. Circulan en conversaciones, instituciones y hábitos.

De la duda, publicado por Interzona, comienza donde esa escucha se vuelve sospecha. Vilém Flusser no entiende la duda como indecisión ni como renuncia al conocimiento. Dudar es suspender una certeza para revisar cómo fue construida. La razón que no interroga sus propios fundamentos corre el riesgo de transformarse en obediencia.

Flusser escribe desde una zona en la que se cruzan la epistemología, la fenomenología y el lenguaje. Su planteo exige abandonar una comodidad: la idea de que las palabras son recipientes neutrales con los que se describe una realidad anterior a ellas. Cada lengua recorta el mundo de una manera, establece relaciones y vuelve pensables ciertas cosas. No existe una mirada completamente exterior a esas formas.

El ensayo no ofrece una lectura dócil. Avanza, retrocede y vuelve sobre sus argumentos. Por momentos, parece que la duda terminará devorando cualquier posibilidad de conocimiento. Sin embargo, Flusser no busca destruir la razón, sino impedir que se convierta en dogma. Duda para poder seguir pensando.

En este punto, los dos libros se encuentran. Scavino escucha las reglas que hablan a través de los sujetos; Flusser cuestiona las bases sobre las que esas reglas se presentan como verdaderas. Uno trabaja sobre el discurso social y el otro sobre los límites del conocimiento, pero ambos interrumpen el automatismo.

Esa coincidencia les otorga una vigencia que no necesita subrayados. En un presente rodeado de opiniones instantáneas, respuestas preparadas y posiciones que rara vez admiten una fisura, estos ensayos no ofrecen refugio. Invitan a desconfiar, incluso de las ideas que parecen confirmar aquello que ya se creía.

Después de la lectura queda una impresión: pensar no consiste en reunir argumentos para ratificar certezas previas. A veces comienza con un gesto menos seguro y más productivo. Escuchar una frase, detenerse ante ella y preguntarse quién habla cuando alguien habla.

Curso de filosofía. De Sócrates a Foucault, de Dardo Scavino. Anagrama.

De la duda, de Vilém Flusser. Interzona, 168 páginas.

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