2026-08-23

Bafilma

Crítica de “Uno mismo”: Chino Darín frente a la soledad y los vínculos de pareja

Uno mismo (2015) narra la vida de un treintañero que se acostumbró a la soledad de sus días y terminó haciendo del individualismo una forma de vida. Desde una puesta que combina diferentes géneros y recursos, Gabriel Arregui construye un híbrido donde el trabajo de Chino Darín sostiene buena parte del relato.

UNO (Chino Darín) vive solo en una casa de Quilmes. Sus padres murieron en un accidente —un antecedente sobre el que la película apenas profundiza— y los años de vida en soledad lo convirtieron en una persona acostumbrada a organizar el mundo según sus propias reglas.

Disfruta del fútbol, la cerveza, las salchichas con puré, bailar solo en el living y hablar por teléfono con su amigo Bigote. Va del trabajo a su casa y de su casa a la cancha. Esa es su rutina y, en principio, no existe ningún conflicto con ella: vive como quiere y no parece necesitar demasiado más.

Hasta que una noche conoce en un bar a UNA (María Dupláa). Terminan juntos y el encuentro ocasional comienza a repetirse. Con el paso de los días, UNO descubre que aquello que empieza a incomodarlo no es la intensidad sexual de la relación, sino algo bastante más cotidiano: compartir su espacio, modificar sus hábitos y aceptar la presencia permanente de otra persona.

Arregui parte de una premisa que encuentra su mayor interés en el retrato de una generación que convirtió el individualismo y la soledad en un modo de organizar la vida adulta. Personas que atravesaron los treinta después de pasar años sin compartir la cotidianeidad y para quienes iniciar una relación supone volver a negociar espacios, tiempos y costumbres.

Ahí aparece el conflicto que Uno mismo podría haber explorado con mayor profundidad: la tensión entre la autonomía construida durante años y las concesiones necesarias para proyectar una vida junto a otra persona.

La película adopta casi exclusivamente el punto de vista de UNO, una decisión que deposita buena parte del peso narrativo sobre Chino Darín. El actor aparece en gran parte de los planos, muchas veces en soledad o sosteniendo diálogos sin un interlocutor presente. Darín se mueve entre la comedia y el drama y consigue mantener el interés incluso cuando la narración pierde ritmo o repite algunas de sus ideas.

Arregui acompaña al personaje con una puesta que mezcla animación, videoclip, comedia romántica, humor, drama y sexo. El resultado construye una suerte de estética pop barrial, ligada a Quilmes y a sus rutinas, que por momentos se desplaza del costumbrismo hacia el absurdo.

Uno mismo encuentra así una identidad en la combinación de registros y, sobre todo, en su protagonista. El problema aparece cuando la película apenas alcanza a desarrollar las posibilidades contenidas en su punto de partida. Detrás de la comedia y de los recursos formales había una discusión sobre la soledad elegida, la vida después de los treinta y el temor a perder autonomía frente a una relación. Arregui la plantea, la rodea y encuentra algunos momentos para desarrollarla, pero termina dejando la sensación de que había más para explorar.

Te puede interesar