Lanzamientos literarios
“Incidente en el Ox-Bow”: el western sin coartadas de Walter Van Tilburg Clark
En Incidente en el Ox-Bow casi todo sucede demasiado rápido. Llega a un pueblo de Nevada la noticia de un robo de ganado y de un posible asesinato, algunos hombres deciden que no tiene sentido esperar a la autoridad y poco después una partida ya cabalga en busca de los responsables. Es alrededor de 1880, la ley demora y la certeza circula más rápido que las pruebas. Walter Van Tilburg Clark encontró en esa distancia el argumento de su primera novela y uno de los westerns menos complacientes con la mitología del Oeste.
Publicada en 1940, The Ox-Bow Incident reaparece ahora en castellano por Palmeras Salvajes, con traducción de Márgara Averbach. Es una recuperación que permite volver al libro detrás de la película que William A. Wellman dirigió apenas tres años después, con Henry Fonda, Dana Andrews y Anthony Quinn, y también a un escritor que hizo del western una forma de indagar en los comportamientos colectivos.
Clark había crecido en Reno, Nevada, y conocía el paisaje que eligió para la novela. Antes de dedicarse a la narrativa había publicado poesía y realizado una tesis sobre Robinson Jeffers. The Ox-Bow Incident fue su debut como novelista; después llegarían The City of Trembling Leaves y The Track of the Cat.
El dato biográfico importa menos como antecedente que por la relación que Clark establece con el Oeste. Sus montañas, caminos y caballos están lejos de la postal. A medida que la partida se interna en la noche, el espacio se vuelve más estrecho y el clima acompaña una historia que parece avanzar hacia un sitio del que será difícil regresar. El narrador registra el camino pedregoso, el frío, los caballos que tropiezan, las posiciones de los hombres dentro del grupo. La aventura queda desplazada por la espera.
Clark tampoco organiza la novela alrededor de la pregunta habitual del relato criminal. Importa menos saber quién robó o mató que observar cómo un conjunto de hombres llega a considerar innecesario averiguarlo. El linchamiento se construye antes de que aparezcan los sospechosos: empieza en las conversaciones del pueblo, en la impaciencia frente a los procedimientos y en la convicción de que la justicia institucional constituye un estorbo.
Uno de los personajes lo formula sin rodeos. Esperar al juez significa darles ventaja a los ladrones; los abogados demoran, los tribunales no resuelven y los hombres que trabajan terminan pagando las consecuencias. Clark hace que el argumento resulte reconocible porque la novela no presenta la violencia como un arrebato irracional. Antes de actuar, sus personajes elaboran razones.
Ahí aparece uno de los hallazgos del libro. La turba no es una criatura ajena a la comunidad: es la propia comunidad después de alterar algunas reglas. Hay hombres que promueven el castigo, otros que se oponen y muchos que simplemente permanecen dentro del grupo. La presión no necesita una orden explícita. Funciona a través de las miradas, los silencios y una idea de masculinidad donde retroceder puede confundirse con cobardía.
Clark encuentra una imagen para nombrarlo: “la manada”. En uno de los pasajes centrales, un personaje habla del miedo a que los demás descubran las debilidades que cada hombre procura esconder. El diálogo amplía el alcance de la novela. Ya no se trata solamente de un grupo dispuesto a colgar a tres desconocidos sino de la necesidad de comportarse como los otros esperan.
Ese componente psicológico fue uno de los que Wellman conservó cuando filmó The Ox-Bow Incident en 1943. En pleno período clásico de Hollywood, la película utilizó las herramientas del western para invertir algunas de sus certezas. El hombre armado podía ser parte del problema, la acción no garantizaba justicia y Henry Fonda, asociado a personajes de fuerte conciencia moral, quedaba atrapado dentro de un grupo cuya dirección no conseguía modificar.
Pero la novela dispone de un recurso que la película inevitablemente comprime: el tiempo de la cabalgata. Clark hace permanecer al lector entre esos hombres, escuchando conversaciones que cambian de tono, viendo cómo se forman alianzas y cómo las objeciones van perdiendo peso. La tensión no proviene de la velocidad sino de una lentitud en la que el desenlace se vuelve cada vez más visible.
Por eso Incidente en el Ox-Bow ocupa un lugar particular dentro del western. No renuncia a sus materiales sino que los reorganiza. El ganado robado, los caballos, las armas, el pueblo aislado y la ausencia de una autoridad inmediata siguen presentes. Lo que desaparece es la confianza en que un hombre dispuesto a actuar sea necesariamente un hombre dispuesto a hacer justicia.
Más de ocho décadas después de su publicación, la novela conserva esa fricción. No porque permita establecer equivalencias rápidas con el presente, sino porque Clark detectó un mecanismo que no pertenece exclusivamente al Oeste: una sospecha convertida en certeza, una certeza compartida por suficientes personas y un grupo que termina haciendo aquello que probablemente ninguno de sus integrantes querrá asumir después en soledad.
En Incidente en el Ox-Bow, la violencia empieza bastante antes de que alguien decida usar la soga.