Sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037, CABA).
"Persona, héroe latino": una épica rioplatense sobre el deseo de ser otro
Un joven quiere ser escritor. El inconveniente es que todavía no escribe. Tampoco sabe demasiado bien cómo se llega a ser aquello que uno ha decidido ser. Entonces hace lo que hicieron tantos héroes antes que él: sale de viaje.
En Persona, héroe latino, escrita por Federico Pezet y Eliane Rymberg y dirigida por Pablo Cusenza, ese viaje comienza con la búsqueda de un profesor de Letras que desapareció después de una clase polémica. El joven supone que encontrar al maestro puede acercarlo a la literatura. Pero los viajes teatrales rara vez llevan exactamente al lugar anunciado.
La Compañía La Vigilia toma el molde del viaje del héroe y lo trae al Río de la Plata. No lo hace con solemnidad. Lo contamina de murga, varieté, música popular y humor, como si aquella epopeya necesitara pasar primero por una fiesta popular antes de llegar a destino.
Ahí Persona, héroe latino encuentra su identidad escénica.
La puesta no oculta el artificio: lo exhibe y juega con él. Los intérpretes construyen y desarman situaciones, entran y salen del relato, mientras la música sucede frente al espectador y los registros cambian al ritmo del viaje. Lo épico puede volverse absurdo; lo literario, popular; aquello que parecía una aventura exterior, una pregunta íntima.
Toto Kirzner conduce ese recorrido junto a Francisco Bereny, Micaela Brillo, Rochi Caldés, Agustín Frumento, Delfina Granero, Tomás Kirzner, Luciana Lifschitz, Gustavo Lista, Facundo Livio Mejías, Federico Pezet, Eliane Rymberg y Abril Suliansky. Un elenco que funciona también como parte de esa maquinaria cambiante: personajes, voces y cuerpos aparecen para impulsar, interrumpir o desviar el camino del protagonista.
La música original de Agustín Cañas y Agustín Frumento Calloni, interpretada en vivo, forma parte de ese movimiento. El vestuario, la escenografía y el diseño de arte completan un universo que conoce la tradición lo suficiente como para permitirse desobedecerla.
Detrás de toda esa maquinaria aparece una pregunta bastante sencilla: ¿en qué momento alguien empieza a ser aquello que dice querer ser?
El protagonista busca un profesor, pero también una legitimación: alguien que reconozca su deseo y, de algún modo, confirme que puede convertirse en escritor. La paradoja es que, mientras intenta encontrarlo, ya está haciendo algo parecido a escribir: transforma su propia vida en una aventura, convierte los encuentros en pruebas y comienza a narrarse como protagonista de una historia.
Y es ahí donde el viaje empieza a correrse de su destino inicial. El maestro importa menos que el camino hacia él. Las pruebas, los personajes que aparecen y desaparecen, la música, el humor y esa sucesión de formas teatrales terminan construyendo una educación sentimental bastante diferente de la que el protagonista había salido a buscar.
Persona, héroe latino trabaja sobre esa contradicción: querer convertirse en alguien sin saber exactamente cómo se hace. La literatura pone en marcha la historia, pero la pregunta podría pertenecer a cualquier vocación. Entre imaginar una vida y vivirla existe una distancia, y la obra decide recorrerla como si fuera una epopeya.
Solo que aquí el héroe no necesita conquistar territorios ni regresar victorioso. Su aventura ocurre en un territorio bastante más cercano: dejar atrás la persona que era sin tener garantías sobre aquella en la que puede convertirse.
Quizás por eso la murga, el varieté y el humor son algo más que elecciones estéticas. Frente a un personaje empeñado en encontrar una respuesta, el teatro hace exactamente lo contrario: cambia de forma, mezcla lenguajes y se permite desviarse.
Al final, la pregunta ya no es cómo se llega a ser escritor. Es qué ponemos en movimiento cuando decidimos convertirnos en alguien que todavía no somos.