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Crítica de “The Dutchman”: Cine, teatro y dilemas modernos con Kate Mara y André Holland
The Dutchman (2025), dirigida por Andre Gaines y coescrita por Qasim Basir, se propone rescatar la pieza original de 1964 y trasladarla al Manhattan contemporáneo. Mientras que el texto original era un pilar del Movimiento de Derechos Civiles, esta película utiliza su estructura para explorar la psique de Clay (André Holland, Moonlight), un hombre atormentado por la reciente infidelidad de su esposa Kaya (Zazie Beetz).
La historia se distancia del trasfondo puramente racial de los años 60 para transformarse en una fábula moral. Aquí, la obra de Baraka aparece físicamente como un libro de autoayuda entregado por el terapeuta de Clay (Stephen McKinley Henderson), creando así un puente literario entre el pasado y el presente.
En esta adaptación, el peso dramático recae en la espiral de culpa de Clay, un hombre negro seducido por Lula (Kate Mara), una mujer blanca. A diferencia del personaje original —un símbolo de la identidad masculina negra frente a la degradación sistémica—, el Clay de Gaines se presenta como una víctima de la infidelidad moderna. Sus allegados, como el ambicioso político Warren (Aldis Hodge), lo instan a romper sus cadenas matrimoniales, reflejando una sociedad donde los vínculos afectivos parecen tan frágiles como los mandatos que los rigen.
Existe un juego constante de representaciones: el libro dentro de la película, los muñecos en el teatro de juguete y la vida de los personajes como un destino ya escrito. Este recurso de sinécdoque resulta lúdico y mantiene al espectador atento, aunque por momentos simplifica el subtexto político del material original.
Es inevitable comparar esta producción con la versión británica de 1967 protagonizada por Shirley Knight. Si bien la esencia de la confrontación permanece, el enfoque ha mutado: donde Baraka denunciaba la exotización sexual del hombre negro, la película de Gaines se siente más cercana a la atmósfera de Atracción Fatal (Fatal Attraction, 1987).
Con interpretaciones sólidas y una puesta en escena elegante, la película de Andre Gaines gana en atractivo visual y ritmo, pero sacrifica parte de la carga social de la obra de teatro para convertirse en una fábula sobre la infidelidad.