Netflix
Crítica de “En las profundidades del Sena”: Una catástrofe de tiburones en París
Las películas de tiburones constituyen todo un género en sí mismas. De vez en cuando aparece una que estremece al público (como Mar abierto), pero en general, abundan las producciones bizarras que apuntan al humor involuntario con sus propuestas disparatadas e inverosímiles (como Sharknado). En las profundidades del Sena (Sous la Seine, 2023) funciona muy bien narrativamente, aunque su propuesta sigue siendo descabellada.
Los mares están contaminados con plásticos que flotan en las aguas y matan a las especies que los consumen accidentalmente. Este evento catastrófico, producto de la acción humana, genera un comportamiento extraño en los tiburones, modificando sus patrones de conducta y llevándolos a atacar violentamente a las personas. Cuando uno de estos tiburones aparece en el Sena, la situación se vuelve crítica.
En las profundidades del Sena podría definirse como la versión tiburón de Godzilla (Gojira, 1954). El monstruo japonés es producto de la contaminación marina por la radiación de las bombas atómicas. Algo similar ocurre en esta producción francesa: los tiburones, afectados por la contaminación ambiental, se comportan como mutantes que se reproducen para colonizar las aguas de París.
La trama también incluye un componente de irresponsabilidad política, con una alcaldesa (Anne Marivin) que intenta ocultar los ataques de tiburones por estar más preocupada en la organización de un triatlón en la ciudad de la Torre Eiffel, con carreras deportivas que comienzan en el Sena. Mientras tanto, la científica Sophie (la actriz franco-argentina Bérénice Bejo), junto con la policía marina, intenta alertar sobre el peligro inminente.
En las profundidades del Sena cuenta con un par de secuencias muy bien logradas en cuanto a tensión, como la escena inicial con los islotes de plástico en medio del océano, o la del túnel donde se produce una masacre. Sin embargo, luego se aleja de la fantasía ecológica de Godzilla y abraza la espectacularidad de una mega producción con despliegue escénico y realismo bélico al mejor estilo de los filmes de Roland Emmerich.
El clásico relato de tiburones se transforma en una producción del mejor cine de catástrofe, con abuso de efectos digitales incluido. Mientras tanto, la historia se pierde en las profundidades del Sena.