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Crítica de "Hechos Polvos" o de cuando el exceso se convierte en desvarío
La trama, centrada en un equipo de fuerzas de élite que enfrenta la amenaza de un artefacto nuclear, promete acción y emoción. Sin embargo, lo que podría haber sido una historia intrigante se pierde en una mezcla caótica de elementos que van desde la comedia hasta la acción desenfrenada. La celebración inicial por desactivar una bomba resulta ser un señuelo, llevando a los protagonistas a una carrera contrarreloj por Las Vegas para encontrar el verdadero dispositivo antes de que sea demasiado tarde.
La serie de ocho episodios parece estar atrapada entre sus ambiciones de imitar a grandes referentes del género de la comedia y la acción. Combina elementos de producciones televisivas icónicas como 24 y la saga de películas como ¿Qué pasó ayer? (The Hangover), pero la ejecución se vuelve tan confusa que el espectador se encuentra atrapado en una amalgama de sinsentidos plagados de momentos inapropiados y explosivos gratuitos.
En sus mejores momentos, Hechos Polvo logra ofrecer algo de humor y acción. Sin embargo, no escapa de sus propios problemas. A medida que avanza, la trama se torna complicada y se desvía, perdiendo la atención en medio de subtramas innecesarias y diálogos sin sentido. La serie parece justificar su desorden argumentando que refleja la naturaleza suelta y descuidada de los personajes, pero esto no evita que la audiencia se sienta constantemente consciente de un relleno que diluye la esencia de la historia.
Hechos Polvo padece de una falta de cohesión que la aleja de convertirse en una propuesta sólida. A pesar de algunos destellos de diversión, la serie no logra escapar de la sensación de que fue concebida por adolescentes en plena efervescencia hormonal.