2013-10-10
El dolor de las venas abiertas
Tlatelolco: verano del 68
Este negro capítulo de la historia moderna de México es considerado
un hito en la lucha por la democratización en el país y fue la señal
inicial del resquebrajamiento de lo que Mario Vargas Llosa calificó como “la dictadura perfecta”
del régimen monolítico del Partido Revolucionario Institutcional (PRI).
Por años, el tema fue férreamente censurado por el gobierno a grado tal
que la primera cinta de ficción que lo abordó se realizó dos décadas
después: la imprescindible Rojo amanecer (Jorge Fons, 1989), que fue un fenómeno de público en su momento.Si bien, el film de Fons
era claustrofóbico porque se centraba en una familia que sufría en el
interior de su departamento toda la violencia desatada el 2 de octubre
en la Plaza de las Tres Culturas, Carlos Bolado opta en Tlatelolco: verano del 68
por múltiples escenario para narrar una historia de amor entre dos
jóvenes que sirve para describir en paralelo los acontecimientos
políticos y sociales vinculados al movimiento estudiantil y a la
represión de la que fue objeto.El film inicia en julio de 1968
con los primeros actos represivos de la policía contra estudiantes del
Politécnico Nacional. Esto desata una cadena de protestas que van en
aumento. En ese contexto, Ana María, que pertenece a una familia
pudiente y estudia en la Universidad Iberoamericana, es animada a tomar
fotografías de las protestas en las calles. Casualmente conoce a Félix,
un joven de origen humilde que estudia arquitectura en la UNAM. Aunque
al principio las diferencias sociales parecen un impedimento a su
amistad, al poco tiempo se enamoran, a pesar de que los padres de Ana
María se oponen tajantemente a su relación. Este conflicto se agudiza
sobre el hecho de que el padre de ella, Ernesto Echegaray, es un alto
funcionario de la Secretaría de Gobernación involucrado en la represión
contra los estudiantes; mientras que Paco, el hermano de Félix, es un
agente de la policía secreta y también un cruel represor. Empujados por
su entorno, los dos jóvenes enamorados abandonan su desinterés político y
se comprometen con la causa estudiantil.Bolado decide dar
cuenta de la Historia con mayúsculas a partir de una historia de
ficción cifrada en un romance convencional y manido con el asunto de las
clases sociales. De esta manera, junto a los personajes ficticios
desfilan otros tomados de la realidad, en particular aquellos a los que
se les considera los responsables directos de la represión y el
asesinato de estudiantes: el presidente Gustavo Díaz Ordaz, su
subsecretario de Gobernación —y también ex presidente— Luis Echeverría y
el jefe de la policía Luis Cueto. Esta tercia de villanos aparecen
intermitentemente, lo mismo que otras figuras públicas que respaldaron a
los jóvenes, como el ex presidente Lázaro Cárdenas y el ingeniero
Heberto Castillo.La realización se apoya con valiosas imágenes
documentales de los mensajes televisivos de Díaz Ordaz y de las
multitudinarias marchas estudiantiles, combinadas con la recreación de
algunas de ellas. Además, hace un contraste interesante con la
propaganda en torno a las Olimpiadas en México, que buscaban transmitir
un falso mensaje de armonía y paz social. Como soporte, destaca la
eficaz banda sonora y la eficiente ambientación de época a cargo de Marina Viancini.La
película está narrada con solvencia gracias al oficio de su director y
sus colaboradores, que aprovecha la gran carga emotiva que aun existe
sobre esa tragedia en la memoria de muchos mexicanos. Sin embargo, se
asoman ciertos titubeos por momentos, como personajes que parece que
estaban llamados a crecer o algunas escenas que le restan potencia a la
amargura del final.Tlatelolco: verano del 68 es una película que vale la
pena ver y que es recomendable para un público amplio, sobre todo para
aquellos adolescentes y jóvenes a los que ese suceso les queda muy
lejano, luego de 45 años. Además, en términos generales, hay un buen
trabajo en varios de sus departamentos, aunque seguimos a la espera de
que Bolado muestre a plenitud todo su talento, el que se le desbordaba en Bajo California: el límite del tiempo.
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