Juan Pablo Russo
30/10/2018 18:22

Pablo Escobar, La Traición (Loving Pablo, 2017), es la fallida adaptación cinematográfica que realiza el español Fernando León de Aranoa de las memorias de la presentadora de televisión Virginia Vallejo "Amando a Pablo, odiando a Escobar", y que protagonizan sin éxito Javier Bardem y Penélope Cruz.

Pablo Escobar, La Traición

(2017)

Pablo Escobar Gaviria y Vallejo se conocieron en una fiesta. Fue alrededor de 1983, cuando Vallejo era la presentadora más popular de la televisión de Colombia y Escobar uno de aquellos nuevos ricos. Entre los dos hubo la química que hay entre quienes se saben poderosos, se creen intocables y conocen los beneficios de la simbiosis. Para él, Virginia era la belleza, la sofisticación —a la manera que se entendía en aquellos ochenta tan estridentes—, y para ella él era la aventura y una ventana abierta de posibilidades, sobre todo materiales. Y aquella fiesta fue el comienzo de una historia de amor, pero también el principio del fin de ambos. Desde ese primer encuentro de Virginia y Pablo se suceden amores, desamores, asesinatos, encarcelamientos, atentados, elecciones, un presidente de Gobierno tras otro, mientras el espectador no tiene tiempo de plantearse quién y cuándo. Y tampoco deja espacio para unos secundarios que parecen de relleno, como una masa homogénea.

La película sigue la secuencia narrativa estándar de cualquier biopic centrada en Pablo Escobar, que parece acercarse más a la fábula o la tragedia griega que a la convención de un hecho histórico, cumpliendo con el consabido itinerario de retratarlo como político, hombre del pueblo, narco, preso y finalmente tránsfuga antes de morir. Nada ya no visto en la serie Narcos o la telenovela El patrón del mal, pero con la diferencia de que Fernando León de Aranoa apostó a un mercado internacional y eso lo "obligó" a cometer torpezas irreparables como el uso del spanglish, con escenas en que los saltos idiomáticos resultan de modo incoherente y burdo.

Virginia Vallejo (una sobreactuada Penélope Cruz) enfatiza la vertiente televisiva de su personaje. Ambos forman una extraña pareja, y la trama sabe aprovecharlo, pintando a Vallejo como un icono de la frivolidad, el glamour ochentoso y la moda para quien Escobar, a pesar de su dinero, es ante todo un rudo amante. La periodista explica, en el estilo excesivamente expositivo de sus narraciones en off, que Escobar jamás dejará a su mujer y a sus hijos por ella, a pesar de la hermosura de sus vestidos y peinados. Sin embargo, la trama se muestra reacia a dedicar el tiempo necesario a explorar la relación entre ambos; hecho extraño, considerando que la historia se narra desde la perspectiva de ella. No tarda en hacerse evidente que los creadores del film están más interesados en aprovechar a Escobar que a la reportera, aunque la historia sea vista a través de los ojos de ella. Así aparecen de manera inverosímil una sucesión de escenas centradas en Escobar cuyos acontecimientos ella desconocía.  Y ese punto de vista cercano que 'a priori' serviría para revelar al Escobar más íntimo, aquel que no salió en las tapas de los diarios ni en las televisiones de todo el mundo, acaba siendo un anecdotario, superficial, relegado a una atracción menor de este circo escobariano.

4.0

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