Rolando Gallego
03/04/2014 15:40

Una ambiciosa y arriesgada propuesta es Gato negro (2014) de Gastón Gallo, con un protagonismo absoluto de Luciano Cáceres que sale victorioso con su interpretación.

Gato negro

(2014)

En la historia de Tito (Cáceres), un chico de la provincia de Tucumán, con sueños de grandeza, el director deposita muchas de las historias de miles de personas del interior del país que llegan con anhelos a la gran ciudad. En el caso de Tito, esta historia se ve atravesada por el abandono primero de su padre (Lito Cruz) y luego de su madre en un orfanato (con claras referencias a Las Tumbas (1991) de Javier Torre) por lo que decidirá dedicarse a la “mala vida” para subsistir.

Luciano Cáceres trabaja con oficio las dicotomías que a lo largo de la película va desplegando Gallo en el guión, ya que si bien el personaje de Tito acepta pasarse a la mala vida para conseguir dinero, el cree que hay algo mayor que lo está esperando.

El film trabaja con una idea de “salvación” en la metáfora de la “salamanca”, un sueño recurrente (secuencias oníricas trabajadas con trazo grueso) en el que Tito ve cómo su suerte cambiará. Pero la salamanca posee una maldición, te da algo y te quita otra cosa (punto que se develará avanzado el film).

Limpiando baños, supervisando una fábrica de medias y luego regenteando un negocio turbio relacionado al contrabando de camiones y pagos diferidos con cheques sin fondos, Tito se convertirá en el Sr. Humberto Pereyra, una suerte de Tony Montana argentino, sin drogas, y ahí comienza otro film, uno que habla del ascenso y caída estrepitosa de un don nadie, vinculando siempre el presente del protagonista con hechos históricos (peronismo, dictadura, democracia, etc.).

Hay un elenco secundario (Leticia Brédice, Luis Luque, Lito Cruz, Roberto Vallejos, Favio Posca, Juan Acosta, Paloma Contreras) que casi pasa desapercibido, no por malas actuaciones, sino porque en Gato negro Luciano Cáceres es el protagonista excluyente.

La épica del pueblo, del trabajo forzado, de la corrupción como modo de vida, son algunos de los tópicos que el director Gastón Gallo trabaja en un filme que abarcó mucho y dejó algunos cabos sueltos.

6.0

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