2026-09-18

Salas de México

Crítica de “A toda madre”, película de Max Del Río, con Adal Ramones, Hugo “El Cojo Feliz” y Ricardo Pérez

La comedia mexicana A toda madre (2026) parte de una venganza infantil que, años después, deriva en un conflicto familiar. Martín descubre que Hada, su madre, está por casarse con Juan, el hombre que lo atormentó durante la escuela. Incapaz de aceptar la relación, decide sabotear la boda por cualquier medio.

Max Del Río utiliza esa premisa como base para una sucesión de situaciones construidas desde el absurdo y la incorrección. La película no busca verosimilitud: responde a la lógica emocional de un protagonista que continúa atrapado en sus heridas adolescentes. Cuando encuentra su ritmo, cada intento por impedir el casamiento aumenta el caos y conduce al siguiente.

El relato se apoya en la química entre Hugo “El Cojo Feliz” y Ricardo Pérez, quienes trasladan al cine la dinámica desarrollada en los escenarios y las plataformas digitales. Sus intercambios conservan la espontaneidad de dos comediantes que se desafían para hacer avanzar cada escena. Adal Ramones adopta un registro caricaturesco, mientras Lourdes Echevarría, Jesús Ochoa, Isabel Fernández, Alexa Zuart y Esmeralda Soto acompañan la lógica del conjunto.

Detrás de los chistes sexuales y las provocaciones aparece una observación sobre la masculinidad y la dificultad de reconocer a las madres como personas con deseos propios. Martín no solo busca vengarse de quien lo humilló: también debe aceptar que la vida de Hada no le pertenece. La burla, la competencia y la agresión funcionan como mecanismos de personajes incapaces de procesar sus frustraciones de otra manera.

La propuesta pierde fuerza en un comienzo de ritmo irregular. La fotografía y la edición también exponen limitaciones, aunque estas retroceden cuando la comedia acelera. La experiencia previa de sus protagonistas permite que el paso del stand-up al cine conserve fluidez y evita que el resultado se reduzca a un espectáculo filmado.

Por su clasificación para adultos, su lenguaje y su humor, A toda madre establece con claridad el público al que se dirige. La película no intenta explicar ni justificar sus provocaciones: busca la risa mediante el exceso. Aunque su construcción narrativa y técnica presenta problemas, encuentra bajo el caos un conflicto reconocible sobre el resentimiento, la libertad y la necesidad de admitir que los padres también tienen una vida fuera de sus hijos.

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