2013-11-24
Humor con una dosis de horror
Wow
Tomás sale a comprar una videocámara. Toda la película se verá a través de ella (y una vez por su teléfono). Se la vende un “vendedor garca”, según los créditos del final (se la da en una bolsa de nylon y medio que le dice que se olvide de reclamar). Inmediatamente sale a grabar tetas y culos con su amigo Leandro por Puerto Madero. En otro momento nos pasea por su “humilde” mansión, donde todo es delicado y le pertenece a sus padres, que no figuran por ningún lado. Wow es bastante observadora al retratar a sus personajes y la generación de hombres-niño que conforman. Lo más parecido a una trama viene de la mano de Eduardo, el tercer amigo, un tipo con ínfulas de seductor que pide prestada la mansión de Tomás para curtir con una chica. Tomás y Leandro plantan la cámara con visión nocturna a lo Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007) en un rincón del cuarto con tal de grabar a Eduardo y a la chica teniendo sexo. La cámara registra las escenas nocturnas con un portentoso sonido ambiente, por algún motivo. Llega la noche y bu. No sé qué tienen esos filtros verdes de visión nocturna pero son acongojadores.El horror ya era un punto de ingreso popular para cineastas jóvenes, y desde que se puede armar con símil material de archivo se ha vuelto aún más popular. Aquí el horror no es exactamente el foco principal (de hecho no hay demasiado compromiso con el género), pero cuando pasa, pasa por la iluminación (o falta de) en una mansión progresivamente embrujada, momentos de súbita música incidental (aunque en su defensa pronto se convierten en un chiste adrede – como todo lo demás en la película) y efectos especiales que van y vienen entre muy buenos (maquillaje) y berretas (todo lo demás).La mejor crítica que se le puede hacer a Wow está en su título: un acto asombroso y frívolo a la vez, hecho por, sobre y para una generación de hombres-niño aburridos que musitan incredulidad en inglés ya estén filmando accidentes de auto, tetas, culos o monstruos. La película ya era divertida como comedia pajera y moderadamente espeluznante como film de terror (de vuelta, muy hacia el final), pero la inyección social eleva Wow por encima de la suma de sus partes. Retrata correctamente el sentimiento de toda una colectividad generacional que crece abobada por Facebook, YouTube, Skype y la necesidad de causar sensación rápido y fácil. Que en definitiva es el objetivo de Wow. Ahora vamos por las dos partes que quedan.
Te puede interesar