Benjamín Harguindey
05/02/2020 18:51

Aves de presa (Birds of Prey, 2020) rescata la única cosa sobresaliente de Escuadrón Suicida (Suicide Squad, 2016) - la interpretación de Margot Robbie como la caprichosa y desquiciada Harley Quinn - y le da su propia película, una comedia que descarta su tradicional relación abusiva con el Guasón y, siguiendo los pasos de los cómics, la reinventa como heroína de acción.

Aves de Presa (y la fantástica emancipación de una Harley Quinn)

(2020)

Dirige Cathy Yan sobre guión de Christina Hodson. Ambas tienen la dura tarea de reflotar lo que Escuadrón Suicida hundió: la posibilidad de celebrar personajes marginales y villanescos, ofreciendo una contrapartida irreverente al prototipo heroico de Marvel. Lo logran a medias. Superficialmente Aves de presa es la experiencia multicolor, frenética y grandilocuente que Escuadrón Suicida pretendía ser. Tiene más energía, su composición es más llamativa, la violencia es más gráfica y las escenas de acción tienen el peso y la fluidez de buenas coreografías, cortesía de Chad Stahelski (creador de John Wick).

De entrada existe cierta fricción entre las intenciones de la película, que son celebrar la emancipación y la independencia, y el hecho de que algunos personajes de ficción funcionan mejor en papeles secundarios que protagónicos. Harley Quinn es mejor compinche que protagonista y nada lo demuestra mejor que cuando finalmente une fuerzas junto a las demás “aves de presa”: Huntress (Mary Elizabeth Winstead), Black Canary (Jurnee Smollett-Bell), Renee Montoya (Rosie Pérez) y Cassandra Cain (Ella Jay Basco).

Emulando al antihéroe de Deadpool (2016) Harley narra su propia película, marcando el ritmo de una historia dominada por distracciones e interrupciones que no le hacen ningún favor. La primera mitad de Aves de presa es un compilado incoherente de pausas, tangentes, correcciones, retrospectivas y falsos comienzos que avanzan y retrasan constantemente la narración, desinflando su inercia natural y complicándola al punto que cada escena flota en un contexto incierto. La trama no avanza porque gran parte se dedica a introducir y reintroducir personajes que puede o no que ya se hayan conocido entre sí, tan confuso es el hilo narrativo.

Otra de las debilidades de la película es cuan poco interactúan sus protagonistas, que tienen una buena dinámica pero a quienes se aísla la mayor parte de la historia. Harley nunca es más cómica que cuando tiene a alguien que contraste su idiotez y efusividad, ya sea el Guasón o en este caso la sororidad de villanas y vigilantes intercambiables llamada Aves de Presa, ninguna de las cuales le tiene gran estima. ¿Cuán idiota o inteligente es Harley Quinn? La película no se decide. A veces depende de coincidencias alocadas, a veces de una astucia contradictoria con el resto de sus acciones.

Hay algo de desesperación en la agresiva forma en que la película busca ser graciosa y en sus intentos por congeniar con su percepción de una demográfica joven y transgresora (su anticuada estética punk no va a impresionar a nadie a 50 años de la génesis de una subcultura que hoy en día sobrevive en formato publicitario). Su idea de transgresión es ironizar los mismos clichés que sigue a pie de la letra. Aves de presa tiene el espíritu de un adolescente que quiere ser diferente sin admitir que le importa, y el coeficiente intelectual de su protagonista. Es divertida. Es fastidiosa. Es "fantabulosa".

5.0

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