Emiliano Basile
18/07/2019 14:54

El director francés de Alta Tensión (Haute tensión, 2003) vuelve a demostrar con Infierno en la tormenta (Crawl, 2019), que sabe combinar conflicto interno con la trama de terror que transforma a su protagonista en guerrera, en una película que tiene la forma de otras pero carece de identidad propia.

Infierno en la tormenta

(2019)

La cosa empieza como cualquier película de cine catástrofe, esta vez de tornados. La tormenta comenzó, el huracán código 5 se acerca y adivinen… la protagonista (Kaya Scodelario) se meterá en medio del problema. Busca a su padre (Barry Pepper) quien se encuentra herido en el sótano de su casa. Allí los azotará la furia de la naturaleza.

Pero la catástrofe se tiñe de terror doloroso, ese que el gore expresa con sus planos detalle de heridas, rotura de huesos y sangre. Las sensaciones se propagan por el film con mejor destino que el débil guion que, en lugar de crecer en fuerza dramática, apila elementos para multiplicar la tensión sin ningún tipo de verosimilitud en el camino. Al tornado se le suma inundación y cocodrilos hambrientos.

Angustia y claustrofobia mediante el acertado uso de primerísimos primeros planos que expresan sufrimiento en la oscuridad mientras el agua crece minuto a minuto. Esta “experiencia sensorial” es lo mejor de la película, la puesta en escena y profundidad de campo generan el clima de encierro necesario para un film bastante básico en argumentos.

El último manotazo de ahogado que el film utiliza es el de aventuras, cuando la tormenta trae consigo una serie de cocodrilos –muy mal diseñados por computadora por cierto- con el afán de devorarse a los personajes. Acá la película se torna divertida pero sin la intención de serlo como sucedía con la remake de Piraña (1978) que el mismo Alexandre Aja dirige. Una suerte de Jumanji: En la selva (2017) tenebroso, inconsistente y hasta torpe de a ratos.

A Infierno en la tormenta le pasa lo mismo que a la mayoría de las películas contemporáneas: no tiene tiempo para desarrollar conflictos y justificar situaciones. Menos para desarrollar vínculos entre los personajes. La relación entre la protagonista y su padre está presente pero de manera tan efímera que no alcanza para que ella justifique su accionar . Se resume a un montaje que "unifica" las palabras motivacionales de su padre al entrenar a su hija en natación con la actitud de heroína adquirida por ella a la hora de sumergirse en las aguas de la tormenta para salvarlos de la catástrofe natural.

Un cine entretenido con la fisonomía de un videojuego, que entrega algunos climas y no mucho más para la película de terror de las vacaciones de invierno.

4.0

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