Emiliano Basile
12/03/2019 14:26

La película que carga con el peso de su estrategia de marketing, es la suma de lugares comunes e ideas sacadas de clásicos del género que, más allá de algunos momentos interesantes, se debilita tan rápido como comienza.

Maligno

(2018)

“Tuvo que ser reeditada por ser demasiado aterradora” auspicia su campaña publicitaria. Semejante adoquín publicitario, lejos de mejorar la suerte en cartelera del film, le genera una presión gigante: o está a la altura de las expectativas generadas o decepciona estrepitosamente. El resultado es el posible y segundo camino.

La historia de un espíritu maligno que se apodera postmortem de un cuerpo “inocente” ya fue contada por Chucky, el muñeco maldito (Child's Play, 1988) con mayor gracia y osadía. Era el añorado muñeco que acompaña a un niño por las noches aquel captado por el alma de un despiadado asesino serial. Treinta años después de esa iconica historia, es un niño preadolescente el que posee la maldad de un peligroso criminal y será su madre –justo su madre- la única capaz de detenerlo.

Basta ver el montaje inicial que asocia el sangriento asesinato del criminal con el sangriento nacimiento del niño para perder todo tipo de sorpresa acerca del nuevo villano de la película. Esto sucede en los primeros minutos de película y por eso, la duda de la madre nunca es compartida por el espectador. Sólo resta esperar al final para que la señora despeje las dudas sobre la maldad innata en su querido hijo.

Si la idea inicial surgía de Chucky, el muñeco maldito, el desarrollo se parece a La profecía (The Omen, 1976), con un niño de cara angelical cuya madre descree que sea capaz de hacer las cruentas muertes que le adjudican. Hay un momento en que se juega con la idea de “sacarle el espíritu” con hipnosis al estilo El exorcista (The Exorcist, 1973) pero el intento falla y el pequeño demonio sigue dominando la escena al controlar a sus víctimas.

Maligno (The Prodigy, 2019) no recurre a la religión como las películas mencionadas. Se contenta con ser un producto correcto del género (algunas muertes son gratamente truculentas) con buenas actuaciones de la madre (Taylor Schilling) y del niño (Jackson Robert Scott) por supuesto, pero que no deja de estar muy por debajo de lo esperado.

4.0

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