Juan Pablo Pugliese
17/11/2018 21:20

El segundo largometraje de Daniel Barosa acerca de la relación de dos personas en el transcurso de siete años es un relato íntimo y sensible pero no por eso melodramático. El director recibido en la Universidad del Cine de Buenos Aires lleva a cabo un relato austero que se sostiene en parte gracias a las actuaciones del dúo protagónico.

Boni bonita

(2018)

Beatriz (Ailín Salas) es una adolescente de no más de dieciséis años que ha perdido a su madre hace poco y vive con su padre en San Pablo. “¿Preferís morir siendo joven y famoso o viejo y que nadie te recuerde?” le dice a Rogelio (Caco Ciocler), el líder de una banda que conoce en un recital y con el que inicia una relación que persistirá a través de los años. Con sus idas y venidas, Barosa despliega esta historia sobre dos personas que están perdidas.

Podría trazarse algún paralelismo con Perdidos en Tokio (Lost In Translation, 2003) de Sofia Coppola en cuanto el tratamiento que se hace de los personajes y la importancia que tiene el escenario que los rodea. En la película protagonizada por Scarlett Johansson y Bill Murray, sus personajes se encuentran por azar y si bien se sugiere más de lo que sucede, son dos individuos que se encuentran atascados en sus relaciones de pareja y muy solos.

En Boni bonita (2018), los protagonistas luchan por encontrar su lugar en el mundo. Mientras Beatriz procesa un duelo y se flagela para sentirse viva, Rogelio lucha contra el fantasma de la fama de su abuelo, también músico. Dividida en cuatro capítulos, la película dibuja la relación con sus momentos más altos y bajos que se traducen en secuencias filmadas fuera de foco y una cámara en mano nerviosa que anuncia el estado de ánimo de los protagonistas.

Daniel Barosa lleva a cabo un relato sin sobresaltos y cuenta para eso con las muy buenas actuaciones del dúo protagónico que junto al paisaje, tal vez el tercer protagonista de la historia, le dan forma a una película cuyo tema es tan universal como íntimo.

7.0

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