Rolando Gallego
14/11/2018 15:21

¿Quién dijo que para hacer cine hay que contar con grandes presupuestos, escenarios inmensos y múltiples locaciones? Cuando hay una idea simple, un elenco convincente y una propuesta, no hace falta más que decir acción y rodar.

Anoche

(2018)

Tras varias colaboraciones, la pareja conformada por Paula Manzone y Nicanor Loreti se lanzan a codirigir Anoche (2018), adaptación de la pieza homónima de la cual Manzone también es la autora, una comedia dramática protagonizada por cuatro actores (Gimena Accardi, Benjamín Rojas, Valeria Lois y Diego Velázquez) quienes se prestarán a un juego de verdad y mentira durante poco más de una hora.

Sintética y austera, la película comienza con la presentación de los personajes, quienes componen dos parejas en crisis que el azar los reunirá en un mismo espacio, un lugar en donde omisiones y solapamientos comenzarán a emerger de una manera inesperada, afectando la continuidad de los sucesos que tal vez querían ocultar y mantener en la clandestinidad.

Pilar (Gimena Accardi) se prepara para pasar una noche de angustia, pochoclo, y dulce de leche. Entiende que debe tomar decisiones sobre su futuro porque su relación con Marco (Benjamín Rojas) no va hacia ningún lado. Mientras todo se presentaba de una manera, con lágrimas, música triste y el dolor de tener que cerrar un ciclo, con el correr de los minutos inesperadas visitas cambiarán el punto de vista de la mujer.

Anoche posee en su adn aquellas comedias clásicas que desde la sencillez de resoluciones con puertas que se abren y cierran, personajes que entran y salen de cuadro, generan empatía con sus personajes sumándole drama para componer un cuadro de situación generacional sobre parejas de treintytantos que poseen los objetivos cambiados.

Si bien está en Anoche el germen de la pieza teatral que adapta, la película busca trascender su origen reforzando su discurso, potenciando el lenguaje cinematográfico con primerísimos primeros planos, algunas escenas que simulan ser rodadas sin continuidad de corte, y el potente escenario en donde todo se desarrolla. Los cuerpos se entrecruzan en escena, se acercan, se alejan, y la cámara es un testigo más, junto al espectador, de las pasiones encendidas y enfrentadas desde donde el guion comienza a urdir, con sapiencia, los necesarios conflictos para que el progreso narrativo aparezca.

Los cuatro actores se prestan a este juego de encastre en tempo casi real, y en el cual pueden entretener sin ser limitados por los preconceptos de un relato que bucea en sensaciones vívidas transmitidas de una manera directa. La decisión de conformar el cast con dos actores que provienen del ambiente televisivo, con otros dos que poseen una sólida y larga tradición teatral, además, suman calidad a un film que presenta emociones y juega con elementos cotidianos para configurar a una apuesta simple y efectiva.

6.0

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