Rolando Gallego
11/09/2018 09:44

Construida como el “lado B” de los thrillers judiciales que bucean en un caso policial, Acusada (2018), de Gonzalo Tobal, se presenta como un interesante ejercicio de prospección que permite el lucimiento de sus protagonistas e instala en la producción nacional un género que muy pocas veces –o contadas con los dedeos de una mano- se lo ha producido: cine de juicios.

Acusada

(2018)

Dolores (Lali Espósito) es una joven acusada de un crimen. Sus padres (Inés Estévez y Leonardo Sbaraglia) le han confiado la estrategia de defensa a un especialista (Daniel Fanego), quien ha armado un minucioso plan para que pueda presentarse en el juicio y quedar en libertad.

Este planteo, en un recorrido por el preciso guion del propio Tobal y Ulises Porra Guardiola (Tigre), permite que la distancia con los personajes sea la necesaria para evitar caer en identificaciones polarizadoras que manipulen la empatía necesaria para seguir adelante con el visionado del film.

En Acusada nada ni nadie es quien dice realmente ser. Se muestran algunas aristas que desnudan un trabajo minucioso desde la construcción de cada personaje, que impide, afortunadamente, que se los muestre como totalmente buenos o malos.

A esto se le suma la narración digresiva, que prefiere reposar la mirada en los climas y atmósferas de las escenas, con personajes que por momento no se dicen nada, pero que hablan desde cómo se los muestra parados en los espacios. La casa, como una cárcel en la que Dolores espera, es otro de los grandes actores de la propuesta. Ese espacio de clausura para la joven, que se correlaciona con un animal perdido en la zona, es un hallazgo de poesía en medio de un producto industrial.

También el particular trabajo alrededor de la protagonista, con pocos diálogos, tomas que la alejan de la imagen y exposición que Lali Espósito viene presentando en su carrera como cantante, afirman la decisión de mantener cierta línea independiente en la superficie de la película, enrareciendo texturas y utilizando una fotografía que potencia la narración.

Por otra parte, algunos flashbacks brindan elementos para la pesquisa que el espectador deberá hacer, pero mientras esos raccontos no suceden, asistimos a una pormenorizada descripción del universo de Dolores en la espera.

Así, Acusada, a diferencia de otros productos que construyen todo el relato esperando las decisiones y deliberaciones de los jueces, prefiere profundizar en el universo familiar, un espacio en el que la tensión in crescendo, determina su posición frente a aquello que cuenta y, además, revela la cara oculta de los protagonistas.

Algunos detalles revelados sobre costos y sobre la particular mirada de la propia acusada sobre los hechos que se le imputan, permiten direccionar la mirada hacia otros actores participantes, determinando a la justicia, los medios de comunicación, y conceptos más abstractos como la familia, el amor, la libertad, como vectores del relato.

Acusada es una interesante aproximación a un género, y también a la deliberada decisión de avanzar con motivos secundarios que hacen a la totalidad de la propuesta, destacándose el trabajo actoral de Fanego, Estévez y Sbaraglia, mientras que Espósito intenta pararse en un lugar diferente al que viene trabajando, aunque su Dolores -taciturna y meditabunda- no logra transmitir por momentos las sensaciones de esa joven angustiada por la situación que le tocó vivir.

6.0

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