Rolando Gallego
11/08/2017 23:48

Hace algunos años hubiese sido impensada una película, live action o de animación, que tomara una aplicación, sistema, o tecnología, como disparador narrativo y mucho menos que ese punto sirviera para construir un producto cinematográfico. Emoji: La Película (Emoji the movie, 2017) de Tony Leondis tiene la difícil función de hacerlo y se queda a medio camino entre la literalidad de la traducción y la simple y banal transposición sin fundamentos en sí misma.

Emoji: La Película

(2017)

Si de incomunicación y dependencia hablamos, los teléfonos móviles han logrado imponer en la cotidianeidad un modo de relacionarnos en ausencia que va muchísimo más allá de una simple llamada. Dentro de esas “utilidades” el teclado de emoticones o emojis ha permitido con una imagen o dibujo, reforzando eso de “una imagen vale más que mil palabras”, transmitir una idea o un concepto de manera rápida. Pero eso no quita que en muchas oportunidades ese mecanismo icónico, cercano a la metonimia, termine por configurar otro universo completamente diferente, alienando el proceso comunicacional y discursivo, aún sabiendo que los emojis configuran posibilidades diferentes a las letras o palabras.

Con una historia inspirada entonces los pequeños dibujos, que ya han trascendido al propio teclado, y tomando como base las cientos de miles de propuestas en las que un ser se rebela ante el orden establecido (Ants, Bichos, etc.), Emoji: La Película intenta, desde su protagonista, una pequeña cara emoticón que no desea ser igual a sus padres (porque no lo puede), y busca impartir una lección sobre la diferencia y cómo desde ella se pueden lograr objetivos. Claro que en la “normalidad” de esa distinción va a encontrarse con enemigos que impidan que su felicidad sea completa, por lo que al ser detectada su disfuncionalidad, terminará por vincularse con una misteriosa hacker que lo ayuda a salirse de las normas.

Hay muchas canciones, mucho humor, y a la vez no hay nada, porque el guion prefiere la estridencia por la narración, el efecto por sobre la construcción, y un misterioso laberinto de sinsentido para implementar una historia sincopada, a partir de personajes inspirados en justamente la eliminación del lenguaje, pero lamentablemente todo es aburrido. Porque además, para completar el cuadro, mientras el protagonista busca cumplir su sueño, aparece el iconito de la caca, de animales, del baile, etc., que encima, en la versión que se estrena, doblada al castellano, pierden las voces originales de actores como Patrick Stewart, James Corden, Maya Rudolph, Anna Faris, Sofía Vergara o Sean Hayes.

Tal vez los niños más pequeños, aquellos nativos en la utilización de este tipo de comunicación, puedan llegar a conectarse con la propuesta de Emoji: La Película desde su costado más cercano y familiar. Pero aquellos que no conformen ese rango etario e intenten empatizar con el protagonista y sus desventuras, van a descubrir un catálogo de situaciones que no conforman un corpus unificado y que solo intenta, tal vez como lo efímero de los mensajes que contienen emojis, su rápido olvido.

3.0

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