José C. Donayre Guerrero
27/04/2017 17:20

No hay duda de que resultan muy atrayentes las películas que intentan tratar al mundo real y cotidiano como un mundo extraño sin lógica o sin ritmo, como si todo se pintara por un matiz enrarecido que convierta la emoción en un rompecabezas de luz azulina, fría y vacía. Siempre que todo pareciera bien construido con firmeza y determinación el resultado será sublime y eso sucede con Le Blu (2017), una propuesta atrevida que sigilosamente juega con la mirada convencional y las emociones acostumbradas por parte del espectador. 

Le Blu

(2017)

Desde distintos fragmentos la película dirigida por Guillermo Rovira cuenta un conflicto familiar y una historia de amor con la mayor simpleza, frialdad y carencia de lógica evidente. Uno piensa que no pasa nada y sin embargo, están pasando y requiere mayor atención.

Pablo vive en Posadas, provincia de Misiones, y debido a que sus padres están separados, solo vive con su madre en una enorme casa silenciosa y donde hace mucho calor. La comunicación entre ellos es nula. Sólo tienen charlas funcionales. Los une una rutina carente de afecto y complicidad. Serán entonces, la llegada del nuevo novio de su madre y una mujer correntina en la vida de Pablo, las razones que acarrearán un poco de movimiento en sus vidas tenues y robóticas, aunque no menos sinceras.

La película tiene un desarrollo dramático que evita todo aquello que sería un conflicto asegurado. Por ejemplo, en una escena Pablo maneja su auto bebido y en lugar de mostrarnos todo lo que le sucede en su examen de alcoholemia y como le retienen el auto, el film se salta lo que normalmente veríamos como desarrollo narrativo. Bajo esa misma influencia están las reacciones de cada personaje. Pablo vuelve a su casa tranquilo como si nada hubiera pasado, charla con su madre de la misma forma que le hubiera dicho el estado del clima y ella reacciona como si le hubieran dado la hora.

Desde luego ese planteamiento está al límite entre dejar de ver o continuar hasta el final. El espectador puede agotarse, impacientarse y no seguir. Y lo peculiar está en cómo la película va tornándose hipnótica, aún cuando los personajes comienzan a parecer zombies recién caídos a la tierra donde lo que hacen y dicen no importa, y menos si tiene lógica o no. Una especie de neorrealismo exagerado. En ellos la consecuencia parece ser lo de menos y, en cambio; son más propensos a la quietud, a no ser un reflejo de cierta “realidad natural” están marcados por cierta dejadez en sus acciones y una constante imperfección en sus diálogos, y entonces por efecto contrario, surge un humor recóndito, pertinente, es como una película un tanto extraña que, hábilmente, se vuelve atractiva, atrapante y divertida desde una poética enrarecida y simple sobre lo cotidiano.

Al final la música termina por envolver todo en un clima que oscila entre el policial y la ciencia ficción, y que pareciera ser la adaptación libre de una historia literaria inconclusa, pero que deja un buen sabor. 

8.0

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