Matías E. González
17/01/2017 15:43

La temática del fútbol vuelve al cine nacional en este 2017 de la mano de Línea de cuatro (2016), pero de manera diferente a otros films argentinos que trataron contenidos futbolísticos el año pasado como Hijos nuestros (2015) de Juan Fernández Gebauer y Nicolás Suárez o El hijo de Dios, un western bíblico futbolero (2016) de Mariano Fernández y Gastón Girod. En este caso también hay una dupla a cargo de la dirección del film, integrada por Diego Bliffeld y Nicolás Diodovich, que plantean una historia centrada en una reunión entre los cuatro protagonistas, quienes se juntan para mirar la final del mundial de fútbol entre Argentina y Alemania, pero este acontecimiento funciona como marco del relato ya que la película se centra en las conversaciones entre este grupo de amigos, muchas de las cuales los espectadores sentirán de cerca por haberlas tenido en algún momento con sus grupos de pares.

Línea de cuatro

(2016)

“La final del mundial. Una tele. Cuatro amigos. Nada puede salir mal. O sí…” es la premisa inicial que plantea Línea de cuatro. Mientras las principales calles de la ciudad de Buenos Aires están totalmente vacías por la final del mundial de fútbol 2014 disputada entre Argentina y Alemania, cuatro amigos treintañeros se reúnen en el departamento de uno de ellos, Germán (Carlos Eisler), quien está en una relación amorosa oculta. Con el correr de los minutos van apareciendo en el encuentro el resto de los integrantes del grupo, Martín (Diego Echegoyen), que regresa al país ya que desde hace un par de años vive en Alemania; Javier (Alejandro Lifschitz), que se está por casar; y Pedro (Alejandro Hener), que es padre separado con un hijo a cargo suyo. El living funciona como el escenario principal para que se conforme “la línea de cuatro” y los protagonistas interactúen mientras en simultáneo miran el importante evento futbolístico. Como en todo partido, ya sea desde el lugar de participante u espectador, las apuestas no tardan en aparecer y es cuando estos amigos juegan que si Argentina pierde, dos de ellos contarán una verdad que los otros no sepan, y si el seleccionado gana los otros dos relatarán sus sinceridades. Sin embargo, las veracidades no resisten hasta la conclusión del partido y comienzan a exponerse durante la juntada, dejando en evidencia los verdaderos conflictos que hay entre ellos, donde los secretos priman sobre las complicidades y donde la muerte del quinto amigo del grupo, acontecida años atrás, vuelve al eje del debate y aumenta la tensión de los hechos.

“El resultado del partido ya se sabe, el de la apuesta que hacen no. Todo pasa en esos 90 minutos”, postula la publicidad del film y esto realmente sucede ya que todos conocemos acerca de la derrota de Argentina frente a Alemania en la final del mundial de fútbol Brasil 2014. Sin embargo, los directores, Diego Bliffeld y Nicolás Diodovich, hicieron un muy buen trabajo de articulación entre la reunión de los protagonistas y el acontecimiento deportivo que los agrupa, ya que la película dura prácticamente noventa minutos como un partido. Los directores logran su objetivo debido a que hacen que el espectador quiera ver el film segundo a segundo tal como querer seguir jugada a jugada de un partido de fútbol. El hecho de contar con una sola locación podría haber sido una desventaja a priori pero la variedad de planos y la detallada escritura de los diálogos, hacen que la historia fluya sin inconvenientes y no caiga en estados monótonos. En las conversaciones entre los amigos están presentes todos los temas de debate que surgen en un grupo de pares adulto convencional: fútbol, política, economía, estilo de vida, amor, sexualidad, formación académica, éxitos, fracasos, anécdotas pasadas, entre tantos otros asuntos que aparecen correctamente hilados a lo largo de la historia y muy bien estructurados con los conflictos que surgen en cada uno de ellos. Las actuaciones son notables y aportan gran parte del fluido ritmo de la película, donde los actores componen personajes con los que es imposible no sentir identificación con al menos una característica de alguno de ellos. Si bien todos están en un nivel actoral semejante y por dicho motivo la amistad entre los personajes resulta verosímil, se destacan los trabajos de Alejandro Lifschitz, en el rol de Javier, y Alejandro Hener, en el papel de Pedro. La única falla de la película se manifiesta con ciertos detalles de las historias individuales de cada uno de los personajes que quedan inconclusos. No obstante, Línea de cuatro cuenta con un final muy destacable por su originalidad e ingenio, algo así como definir una excelente jugada con un gol que marca la diferencia.

“La verdadera amistad no se trata de ser inseparables, sino de poder estar separados y que nada cambie”, afirma una frase acerca de la amistad y esto se analiza en la película, donde un grupo de amigos treintañeros reunidos por la final de un mundial de fútbol demostrarán si, a pesar de no verse seguido como en su juventud y guardar consigo mismos distintos tipos de secretos, son capaces de mantener la amistad que los unió décadas atrás. Línea de cuatro es una película en la que el partido entre Argentina y Alemania funciona como contexto para que los conflictos y las verdades salgan a la luz, y descubrir si a pesar de esto la amistad de la juventud puede seguir vigente como desde un principio. Una historia innovadora en nuestro cine, con actuaciones destacables y diálogos para reflexionar sobre el valor de la amistad adulta.

8.0

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