Juan Pablo Russo
01/12/2016 17:14

A priori La noche (2016), escrita, producida, dirigida y protagonizada por Edgardo Castro, sigue el derrotero de Martín, un cuarentón que deambula por las calles del barrio del Abasto, consumiendo cocaína y teniendo sexo casual con travestis y taxiboys, pero no es solo eso. Sino que detrás se esconde algo mucho más profundo: una melancólica soledad.

La noche

(2016)

Castro (o Martín) se sumerge en un tour nocturno que incluye desde sexo gay con taxiboys, ménage à trois con travestis, cocaína y alcohol al por mayor y hasta una escena de lluvia dorada. La puesta en escena es de una explicitud que juega con lo pornográfico pero a la vez está dotada de una gran sensibilidad. Lo que parece festivo es todo lo contrario. Por qué Martín es un personaje sin rumbo, que no sabe muy bien lo que quiere y hace todas las cosas equivocadas para encontrarlo.

En La noche hay dos tipos de escenas: en una, se sucumbe a la pulsión sexual; en la otra, se erra desahuciado sin saber muy bien qué. El personaje central es seguido por una nerviosa cámara en mano que registra todo con una genuinidad prácticamente documental. La imagen sucia y desprolija como el sonido directo son fundamentales en el realismo que se busca.

Que La noche tenga sexo explícito, esté filmada como un documental, ponga al espectador en un lugar de incomodidad y lo interpele casi permanentemente frente algunos cuestionamientos morales habla de un director que decidió asumir riesgos estéticos y formales, algo bastante ausente en un cine contemporáneo que apuesta por fórmulas probadas. La noche viene a provocar un quiebre. Un antes y un después.

Al final de este tour de force hay una escena que resignifica la nocturna odisea de Martín, revelando un secreto y dándole a la historia uno de los mejores finales que el cine argentino brindó en mucho tiempo. Por no decir el mejor.

9.0

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