Emiliano Basile
09/06/2016 15:22

La deconstrucción del discurso que criminaliza la pobreza y condena a los jóvenes de bajo recursos desde pequeños, es el objetivo de Pibe chorro (2016). Para hacerlo la realización de Andrea Testa (La larga noche de Francisco Sanctis, 2016) no puede recurrir a un documental convencional, por ende busca desde la forma cinematográfica desarmar el discurso mediático, social, ideológico que estigmatiza a los jóvenes pobres y asocia sus características con la delincuencia, como si se tratara de un orden natural preexistente.

Pibe chorro

(2016)

Para lograrlo Testa utiliza la deconstrucción del audiovisual en su propio documental con una propuesta -sin solucionar sino planteando nuevos interrogantes- que incomoda al espectador en ocasiones, con una serie de decisiones formales que evidencian la puesta en funcionamiento del discurso "oficial".

En este proceso la película comienza con un plano general de una televisión encendida trasmitiendo "su" discurso sobre los "pibes chorros". La cámara se acerca y vemos retazos de un dibujo que insinúa la representación de uno de los tantos jóvenes asociados con el crimen. Desde ese lugar la directora se posiciona para darnos otro punto de vista sobre el tema. Pero no será con el convencional plano del entrevistado en tres cuartos de perfil, sino siguiendo al especialista en primerísimos primeros planos o incluso planos detalle para exponer su mirada desde diferentes ámbitos (penal, legislativo, sociológico). Lugares con fines educativos donde se cuestiona el mal funcionamiento de un sistema jurídico que no prevé los mismos derechos para todos los ciudadanos, fomentando la división social y exclusión de aquellas personas con escasos recursos. Nociones puestas en boca de especialistas en la materia y en una serie de imágenes contundentes en sí mismas.

Andrea Testa ahonda aún más en su deconstrucción al entrevistar a una serie de personas en espacios públicos y decidir sacar de foco a quien habla -aunque escuchamos claramente su voz- y elige poner la nitidez en el espacio abierto detrás. Esta decisión formal toma el relato de esa persona y lo traslada al resto, mostrando como esa forma de pensar se reitera y encarna en el resto de la sociedad como propia, incluso en otro "pibe chorro".

También la realizadora le da la cámara literalmente a los chicos con el fin de que ellos mismos construyan su propio punto de vista, o incluso invita a entrevistados a mirar a cámara mientras recitan textos, desafiando al espectador en la comodidad de su butaca para problematizar las nociones de libertad y encierro en sectores vulnerables de la sociedad.

Con esta serie de recursos y un final revelador Pibe chorro se convierte en un documental de denuncia social pero no desde el lugar previsible de contra informar sobre el tema abordado, sino indagando en las formas de manipulación mediática que construyen una mirada acerca de estos jóvenes y los convierte en un paria social, incluso antes de nacer.

8.0

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