Ezequiel Obregón
16/04/2016 11:37

La comedia de Nico Casavecchia es una coproducción argentino estadounidense sobre el encuentro entre un joven y neurótico artista norteamericano y una bella muchacha argentina. Una película liviana, sí, pero muy disfrutable.

Finding Sofia

(2016)

Alex Taylor (Sam Huntington) es un artista audiovisual newyorkino, creador de una patética animación de tomates que se viralizó en la web; signo de nuestros tiempos en los que una inventiva “ingeniosa” recorre el mundo en el transcurso de muy poco tiempo. Sofía (Andrea Carballo) es una teórica del arte, que dio con el invento de Alex y posteriormente inició una serie de encuentros vía chat. En medio de una fiesta, Alex compra (sin demasiada conciencia) un pasaje hacia Buenos Aires, en donde irremediablemente termina. Su deseo, claro, es conocer a Sofía, de quien parece estar “enamorado”. Pero una vez aquí, el que lo pasa a buscar es su novio (Rafael Spregelburd, en un papel que le cae como anillo al dedo), un artista plástico ególatra, soberbio, y… peronista. Lo secunda su asistente, una joven que soporta su conducta obsesiva y poco amable, porque –se hará evidente- está enamorada.

La película de Casavecchia (por lógica argumental, hablada tanto en castellano como en inglés) es “pequeña” en términos de producción, pero cada uno de sus rubros está muy cuidado. Por la geografía en la que transcurre (el delta), “empatiza” con Vóley, con la que también comparte el apunte ingenioso y cierta mirada generacional, sólo que en este caso lo hace alrededor del mundo del arte. En Finding Sofia hay mucho humor verbal, pero lo gestual también está en primer plano. Cada personaje está muy bien corporizado (desde el vamos, el casting es efectivo), y hay zonas de la película que hasta se conectan con el cine de Woody Allen.

Obligado inicialmente a hacerse pasar por un “primo lejano” de Sofía, Alex será recibido con cierta reticencia, pero poco a poco su rol en la casa tendrá mayor peso. La forma en la que lo mira su anfitriona -quien al comienzo se desentiende un poco de ese muchacho con quien mantuvo un vínculo virtual- pasará de la distancia hasta un acercamiento más profundo, que la llevará a replantearse varios aspectos de su vida.

Más allá de algunas decisiones “posmodernas” (el empleo de animaciones y pequeñas reflexiones de Alex sobre lo que le toca vivir), la película no ofrece nada demasiado nuevo, pero se posiciona como una comedia cool, hipster, un poco “de nicho”, pero plenamente disfrutable y muy bien actuada. El público adecuado, más que satisfecho.

7.0

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