Emiliano Basile
05/11/2015 21:24

Alejandro Agresti vuelve a filmar una película enteramente argentina (la anterior es Un mundo menos peor, luego filma afuera La casa del lago y No somos animales con John Cusack y Al Pacino), y en ella expone todas sus obsesiones como autor, mediante verborrágicas reflexiones existenciales en un film que desborda hacia la mitad para nunca más retornar a sus cabales.

Mecánica popular

(2015)

La historia comienza con un buen punto de partida: un editor (Alejandro Awada) recibe una noche en la soledad de su oficina a una chica (Romina Richi) que amenaza con matarse si su novela no es publicada. La tensión se adueña de la escena en una trama que pasa de la risa al llanto con total facilidad. El portero del edificio (Patricio Contreras) invade la velada en varias oportunidades aportando sus no tan ignorantes comentarios literarios.

El subjetivo plano detalle de los ojos del editor que compone Awada nos abre al universo psíquico del personaje: sus miedos, fantasmas, obsesiones, e incluso desequilibrios, se presentan en pantalla. De ahí la ambigüedad entre la chica en cuestión y su ex mujer (Marina Glezer), también novelista, en un clima de pesadilla.

Mecánica popular (2015) tiene una puesta teatral: tres actores en una sola locación. El arco dramático que experimentan los personajes se desarrolla con naturalidad hasta mediados del film donde los excesos –de gritos, de temas transitados en largas conversaciones, y de estados de ánimo- terminan por agotar en su histrionismo. Los diversos diálogos remiten a obsesiones recurrentes del director de El acto en cuestión puestas en boca de los personajes: discusión sobre literatos, filósofos, devienen en dilemas existenciales, pasando por opiniones sobre los desaparecidos y diferencias de clase (con el portero). Cuestiones que socavan en la idiosincrasia argentina con fines críticos. Pero sucede que al poner distintos temas en el mismo plano de discusión, con la misma pasión para transitarlos, pierden su posibilidad de profundización tal como reclama la película en su discurso.

El título del film hace referencia a las costumbres (buenas, malas, insólitas) adquiridas por los argentinos. Surge de un manual de antaño con múltiples recomendaciones de actividades sin sentido. Desde ese lugar se posiciona Agresti para dar su visión de mundo.

5.0

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