Emiliano Basile
03/10/2015 12:10

En Sicario (2015) el director de La sospecha (Prisoners, 2013) y El hombre duplicado (Enemy, 2013) realiza un relato crítico sobre el papel de las fuerzas especiales norteamericanas en la frontera con México. Mitad cine bélico, mitad drama ético, el film tiene la fuerza dramática de la implosión interna de sus anteriores obras aunque en esta oportunidad se intente expandir los dilemas a un nivel mayor.

Sicario

(2015)

La historia se centra en Kate Macer (Emily Blunt, que ya demostró sus dotes de chica guerrera en Al filo del mañana), una joven comandante de un equipo de fuerzas especiales que opera contra el narcotráfico cercano a los carteles. Ante un episodio traumático, es convocada a participar en otro equipo ultra secreto que opera directamente en territorio mexicano al límite con la ilegalidad. La mujer acepta sin saber bien a qué -ni a quiénes- se enfrenta, quedando bajo las órdenes de los siniestros y misteriosos personajes que componen Josh Brolin y Benicio Del Toro.

Sicario, que pasó por el 68 Festival de Cannes y el 63 Festival de San Sebastián, tiene la insignia de Zero Dark Thirty - La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012), aquel film dirigido por Kathryn Bigelow donde Jessica Chastain debe hacer lo imposible para atrapar nada menos que a Bin Laden, comandando un equipo que deja la legalidad de lado en varias de sus operaciones encubiertas, generando un conflicto de orden ético para su protagonista.

El hecho de que el papel principal esté a cargo de una mujer con características femeninas en su rasgos y actitudes, infiere debilidad ante las atrocidades bélicas, y a su vez, cordura en un ambiente donde la locura se apodera de la escena. En contraste con ella están perfectos los personajes de Matt Graver (Brolin) y Alejandro (Del Toro), salvajes, prepotentes, y por momentos, monstruosos en sus actos. La diferencia de género funciona como un dilema psicológico civilizador si se quiere: La mujer madre que no puede conducir ni imponer el orden al grupo.

Como en otras películas de Denis Villeneuve, tales como Incendies (2010) o La sospecha, el terror es interno, está entre nosotros y en nuestro accionar (refiere directamente a un público norteamericano), parece decirnos la película en su mea culpa planteada. El diseño del sonido es fundamental para construir una tensión latente desde los primeros minutos y a punto de estallar en cualquier instante, desde la explosiva escena inicial y marcando cada momento de la trama. En este recurso el director logra trasmitir el clima de constante inestabilidad y la angustia percibida por su protagonista.

Sicario no es lo mejor del director canadiense pero es la decisión clara de tomar postura sobre los conflictos bélicos de Estados Unidos para, desde el temor y la locura interna de un personaje (como viene desarrollando en su obra), mostrar la demencia de un grupo armado que masacra -supuestamente- por el bien de la humanidad.

8.0

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