Juan Pablo Russo
15/09/2015 01:15

Abordar la crisis provocada por la maternidad sin caer en el lugar común de la explicación psicológica no es tarea fácil y no son muchas las películas que han transitado por este tópico con éxito. Ana Katz se le anima en Mi amiga del parque (2015) y el resultado es más que satisfactorio.

Mi amiga del parque

(2015)

Liz (impecable trabajo de Julieta Zylberberg) es madre de Nicanor y está desbordada. Su marido (Daniel Hendler) está trabajando en Chile, las tareas la sobrepasan y entra en crisis. En los paseos diarios por la plaza conoce a Rosa (Ana Katz) y la pequeña Clarisa. En un comienzo todo la hará suponer que también son madre e hija, pero a medida que la trama avanza aparecerá Renata (Maricel Álvarez) y nada  será como ella suponía. La relación entablada con estas nuevas amistades llevará a Liz a situaciones insospechadas que la harán salir del ostracismo en el que se encuentra.

La realizadora de Los Marziano (2010) hace transitar a sus personajes por un camino entre el realismo y el delirio. La película está narrada desde el punto de vista de Liz, una chica de clase media, sin grandes problemas pero de quien se denota que está en una crisis post maternidad de la que no se ahonda demasiado. Todas son suposiciones que Katz plantea con notable sutileza. En el otro extremo están Rosa Y Renata (Las hermanas R.) dos chicas que son el opuesto a Liz en todo sentido y que desde el primer encuentro lograrán empatía. En las hermanar R. está representado todo lo que Liz quisiera ser y viceversa.

En Mi amiga del parque el drama inicial muta y se convierte en una comedia que le escapa a los estereotipos gracias a un guion inteligente que provoca giros inesperados, rupturas narrativas y estilísticas. Cuando todo indica que está yendo por un camino se corre y toma otro, y así sucesivamente. Esto es gracias a una guionista experimentada que, como en sus películas anteriores, arriesga en favor de historia sin caer en la complaciencia, aunque uno espere que vaya por el camino más simple, Katz toma el más complicado y logra salir victoriosa.

Las actuaciones son otro condimento para destacar. El trio actoral es solvente, creíble pese al delirio, construyen personajes con matices y se permiten cambiar sin cuestionarse. Una vez más Katz demuestra su sensibilidad a la hora de dirigir actores, narrar una historia simple desde una óptica no simplista y convertir el drama en comedia. Todo esto porque tiene en claro lo que quiere y que tipo de cine quiera hacer.

8.0

Comentarios