Juan Pablo Russo
09/09/2015 15:02

Tendencia o necesidad de reflejar una problemática que antes parecía pasar inadvertida, el cine argentino se dedicó a documentar en los últimos años el funcionamiento de los centros estudiantiles en la educación secundaria. Primero vino Escuela Normal (2011) de Celina Murga, luego fue el turno de La toma (2013), de Sandra Gugliotta, y ahora le toca a Después de Sarmiento (2014), de Francisco Márquez. Tres abordajes que parten de un mismo núcleo pero cuyas aristas plantean direcciones disimiles.

Después de Sarmiento

(2014)

Si en Escuela Normal Murga posaba la cámara en el homónimo colegio de Paraná (Entre Ríos) para ver el funcionamiento del centro estudiantil, Gugliotta reflejaba en La toma la famosa ocupación que los alumnos realizaron en reclamo de mejoras edilicias al gobierno porteño. En esta tercera aproximación Márquez se adentra en el interior del emblemático Colegio Domingo Faustino Sarmiento, ubicado en el barrio de la Recoleta, para observar la convivencia entre alumnos de sectores medios con aquellos provenientes de la Villa 31.

Documental de observación, la película transita por los turnos mañana y tarde para reflejar las tensiones que se provocan entre los alumnos. Ambos divididos por las diferencias sociales. Cada turno tendrá su centro estudiantil y será a partir del registro de sus actividades, comentarios y disputas que el espectador presenciará cuan lejana está la integración estudiantil en las escuelas porteñas y de cómo los programas de estudio hacen que esta se intensifique en lugar de acortar la brecha.

Pero el documental no solo se posará sobre el alumnado sino que también lo hará sobre el cuerpo docente reflejando como deben enfrentar los nuevos desafíos que impone el sistema. Un proyecto educativo moderno es presentado por alumnos y directivos (junto a otros dos colegios) pero es desestimado para darle prioridad a uno añejo y caduco. Ejemplo de como desde las altas esferas del poder la educación es una prioridad menor.

Después de Sarmiento cuestiona sin la necesidad de formular preguntas ni acusar, sino que lo hace desde la retórica de lo que muestra, y es el propio espectador quien sacará las conclusiones de lo que está viendo. ¿El sistema educativo está preparado para incluir a todos dentro del mismo o solo es un anhelo puesto en palabras que pedagógicamente nunca fue reformulado?

7.0

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