Alejandro Turdó
23/06/2015 21:26

Decir que Stockholm (2013) es una película extraña es algo de lo más derivativo, es reducirla a la mínima expresión. El film de joven director español Rodrigo Sorogoyen habla de muchas cosas, y aquellas de las que no habla también dejan una huella tan indeleble en el espectador como cualquier otra.

Stockholm

(2013)

El film que le valió a Sorogoyen una nominación a los Pemios Goya del año pasado como Mejor Director Novel cuenta la historia de un chico y una chica que se conocen en una fiesta, y durante toda esa noche el muchacho –de quien nunca sabemos el nombre- intenta ganarse a toda costa a la muchacha –de quien tampoco sabremos el nombre en ningún momento- con largas conversaciones, exposiciones temáticas y desafíos nudistas entre otras cuestiones. Pero eso es sólo una mitad del film.

Cuando nos encontramos a la mitad del mismo, lo que inicialmente parecía una película simple apoyada en la repetidísima fórmula “chico conoce chica” toma un giro inesperado, donde otra realidad aflora y el romanticismo del formato comedia romántica juvenil escapa por la salida de emergencia más cercana.

Javier Pereira, quien interpreta al joven de la historia, llamó la atención de muchos con esta interpretación a tal punto que se llevó un Premio Goya por Mejor Actor Novel. Es interesante su ductilidad para interpretar dos caras muy diferentes de un joven madrileño que vive en estado de fiesta constante, pasando de una chica a la otra sin mayores problemas. Aura Garrido también se destaca en su papel de la muchacha, en especial con el particular vuelco que sufre la historia en su segunda mitad.

Sorogoyen es un director que viene del mundo de la televisión, con poca trayectoria en el cine. Pero vale reconocer su pericia al momento de retratar situaciones íntimas o discusiones acaloradas entre los protagonistas, así como su facilidad para poner en la boca de veinteañeros palabras que suenan sumamente naturales y uno podría escuchar tranquilamente si sale a dar una vuelta un sábado a la noche por alguna concurrida zona nocturna. Ya sea en Madrid o Buenos Aires.

Un interesante film que muestra las dos caras de las relaciones fugaces, y nos hace reflexionar sobre lo poco que podemos llegar a conocer a una persona, sin importar cuanto manejo del chamuyo tengamos al apoyarnos en la barra de un boliche.

7.0

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