Emiliano Basile
07/05/2015 17:47

La historia del "secuestro más famoso del siglo" ocurrido en 1983, podría ser un interesante relato pero es apenas una película correcta. Porque El gran secuestro de Mr. Heineken (Kidnapping Mr. Heineken, 2014) huele a clase B en todo su desarrollo, su efectismo desmesurado y su tono aleccionador con bajada de línea inclusive, desmerecen su potencial.

El gran secuestro de Mr. Heineken

(2015)

El magnate de la cerveza Alfred Henry Heineken (Anthony Hopkins) es secuestrado, junto con su chofer, por una banda que exige 50 millones de dólares por su libertad. El planeo de la captura se describe minuciosamente, y junto con él, los vínculos de los integrantes de la banda delictiva entre los cuales están Jim Sturgess, Sam Worthington y Ryan Kwanten.

La película la dirige el sueco Daniel Alfredson, realizador detrás de La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina- Millenium 2 y La Reina en el palacio de las corrientes de aire- Millenium 3, segunda y tercera parte de la exitosa trilogía de Stieg Larsson, pero sin el universo oscuro característico de las cintas que popularizaron a Noomi Rapace. El gran secuestro de Mr. Heineken sigue la línea del policial clásico con tintes de drama familiar.

Durante la primera media hora, la trama se centra en el planeo del secuestro del mismo modo que cualquier film de robo de bancos con la estrategia del “golpe” como móvil de la acción. El siguiente acto se torna más interesante, la angustia del demorado pago del rescate y cómo afecta a la psicología de los protagonistas. En ese ínterin comienza la empatía con el espectador. Se formulan automáticamente preguntas como ¿Que hacer en un caso similar? ¿Cómo reaccionar demostrando firmeza pero sin ser un profesional en el tema? La película levanta vuelo con la identificación con alguno de los personajes: el fuerte, el líder, el sentimental, el rudo.

Los leves pero importantes aportes de Hopkins convierten al personaje de Heineken en un ser frió y calculador, astuto para los negocios y filoso de discurso. Pero todo se desmorona cuando los indicios de moralina final se hacen más y más evidentes. Es claro, la película cuenta la historia de un secuestro desde el punto de vista de los secuestradores, y no elige peor camino que la clásica y esperada redención. No sea cosa que a alguien se le ocurra indagar en el oficio del secuestro. Eso si, tomar unas cuantas cervezas antes de ver la película sobrellevaría mejor la experiencia.

6.0

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