José C. Donayre Guerrero
23/04/2015 14:06

La Once (2014), documental chileno dirigido por Maite Alberdi, es una pequeña joya que se exhibe en este 17 BAFICI, con toda la frescura de sus protagonistas quienes en un solo espacio y haciendo de su hora del té un ritual para superar al tiempo, terminan por hacer un film cautivador y entrañable.

La Once

(2015)

El argumento es sencillo y habla de un grupo de mujeres que desde que terminaron el colegio se juntan una vez por mes a tomar el té en la casa de una de ellas. La película empieza cuando ya han cumplido 60 años desde que egresaron, y en su longevidad comparten la hora del té como un evento infaltable y de suma importancia, donde se dedican a conversar. Con qué facilidad las mujeres pasan de un tema a otro sin necesidad de resultar cliché o caer en lo que uno pudiera decir “conversaciones de viejos”, que se escuchan sin nada que aportar. Ellas se divierten y no tienen ningún pudor. Incluso cada expresión es libre, sea para hablar o estar en silencio.

Es interesante como a partir de esta hora del té se puede decir mucho en diferentes niveles. Casi podría encontrarse una herencia de Jim Jarmusch con Coffee and Cigarettes (2003). Al ver como la renovación de un ritual cotidiano puede ser constante y resultar hasta el infinito. Y en ello el film habla no solo del evento en sí sino también de sus niveles económicos, posición social, su trato con la servidumbre, su idea del matrimonio, de la infidelidad, de la viudez, de la belleza e incluso del nacionalismo con esa brillante escena donde todas toman el té viendo el partido de futbol donde juega la selección chilena, sobre todo en un partido contra Perú, el rival deportivo por excelencia. Al final uno siente que ha conocido un poco lo que fue una era, una época y una sociedad.

Hecha por fragmentos, solo tienen un único conflicto: el tiempo (visto en los árboles y en la flores); o mejor dicho: la muerte. Cada vez son menos y así, la nueva meta de juntar dinero para un paseo, llegan a la reunión donde celebran los 64 años de egresadas.

Finalmente, no solo de drama se hace esta pieza, el humor también tiene un papel importante. En sus planos fijos, en los detalles de los tés que se sirven, los postres de distintas formas y colores, las salsas que se vierten en los tenedores, las bocas que prueban, las jarras que se llenan de más té, los primeros planos en que estas mujeres se pintan los labios, y cada vez que muestran el álbum de fotos. Sin duda todo un toque cómico casi felliniano que termina por enternecer este muy buen documental.

7.0

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