Juan Pablo Russo
19/04/2015 14:27

El cineasta y escritor chileno Alberto Fuguet (Velódromo, Se arrienda, Música campesina, Locaciones: Buscando a Rusty James) pone toda la carne en el asador en su película más ambiciosa y -que según sus propias palabras- la que podría ser la última de su carrera. Invierno (2015), inmensa en todo sentido, es sin duda la gran obra de uno de los realizadores chilenos más personales y viscerales de la actualidad.

Invierno

(2015)

Con una duración de casi cinco horas, Invierno está dividida en tres partes. La historia, sin revelar demasiado, se centra en un joven escritor, Alejo Cortés (Matías Oviedo), que antes de entregar el manuscrito de su último libro se suicida en una piscina. A partir de esa situación la película provoca un giro y posará su mirada sobre sus amigos, contrincantes, su hermana Leo, y un alumno obsesionado que quiere recibirse con una tesis sobre el malogrado escritor. Todos conectados por la matriz de un libro póstumo que los dejará en “caída libre”.

Fuguet es tan impredecible que mata al que creemos el protagonista absoluto a la hora de metraje (aunque en realidad ahí nos daremos cuenta que murió en la primera escena). El espectador se irá enterando de ese hecho a partir de una serie de reacciones que irán manifestando los personajes de su círculo íntimo. ¿Pero cuán íntimos eran para no haberse imaginado el desenlace final? Esa pregunta será la que ronde por sus cabezas de ahí en más.

Es a partir de la muerte de Cortés que el director provoca un quiebre narrativo para empezar a focalizar la historia como un relato coral sobre cada uno de los integrantes de ese círculo y mostrar a una serie de personajes entre intelectuales, yuppies y posers cuyas vidas se transformarán ante el suicidio de Cortés. Personajes tan bien delineados que resulta imposible no lograr empatía por más que lejanos que parezcan.

Invierno, es una película sobre el amor y el desamor, sobre los amigos y los enemigos, sobre la familia que nos toca y la que se elige, sobre la vulnerabilidad y la exposición pública y privada (no en vano todos los personajes se mostrarán desnudos en algún momento de la película). Pero también es una crítica al mundo de las apariencias superficiales y a la intelectualidad de la que algunos se jactan. “Los intelectuales escriben para que los lean los intelectuales. Se leen entre ustedes mismos", dice uno de los personajes en un momento de la trama. Pero por sobre todo es una película sobre la soledad, aun cuando se está acompañado. Y sobre como se elige vivir la vida y morir.

Alberto Fuguet logra con Invierno una obra descomunal en toda su magnitud. Y esto nada tiene que ver con la duración sino con la forma elegida para contar una historia que, como una caja china, va dando nuevas historias sin la necesidad de tener un final. Cinco horas de tanta fluidez que parecieran los primeros 15 minutos de cualquier otra película. Simplemente maravillosa y con un soundtrack para volver a escuchar.

9.0

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