Lucía Agosta
12/11/2014 16:12

Premiada en el último festival de Cannes y enviada por Suecia para ser considerada en los Oscars 2015 como mejor película extranjera, Force Majeure: La traición del instinto (Force Majeure, 2014), es merecedora de estas distinciones por tratarse de un film como ningún otro, que decide cuestionar la figura del rol del hombre en nuestra sociedad.

Force Majeure: La traición del instinto

(2014)

Una familia sueca viaja a los Alpes franceses para disfrutar de unos días de esquí en familia. Todo anda bien, hasta que durante un almuerzo, una avalancha pone en riesgo a todos, y cuando Ebba, (Lisa Loven Kongsli) llama a su marido (Johannes Kuhnke) para que la ayude con sus hijos, este agarra su Iphone y huye corriendo dejándolos solos.

Todo podría indicar que Force Majeure: La traición del instinto va a encarnar un nuevo film del género Cine catástrofe en donde la familia tipo experimenta las consecuencias físicas y mentales post desastre natural, como ocurre con la premiada Lo Imposible (2012). De todos modos, ningún tipo de semejanza mantiene con este o cualquier otro film del estilo, ya que aquí se opta por ubicar a la avalancha en un segundo plano, (de hecho esta resulta ser una falsa alarma) y el foco está puesto en la reacción del padre de familia frente a esta situación alarmante. Aquí surge el verdadero conflicto, ya que esta reacción va en contra de la imagen construida de padre héroe y protector en la sociedad moderna, decepcionando así, a sus hijos y a su esposa Ebba.

Force Majeure: La traición del instinto nunca se aleja del conflicto principal, el elefante en la habitación está permanentemente al acecho, y como consecuencia de esto, aparecen secuencias que reflejan momentos de extrema incomodidad, humillación y crisis individual y de pareja. La incomodidad es reforzada a través del recurso de planos largos, de la utilización de silencios y de la presencia de un tercero como testigo, con quien el espectador puede sentirse identificado en más de una ocasión. Son pocos los personajes que tienen presencia en cámara además de la familia, pero la elección de la pareja de amigos recién enamorados, encarna un contraste perfecto con el de Tomás y Ebba, generando un efecto cómico muy bien logrado en la secuencia en la que estos se juntan a cenar.

Tampoco podemos dejar de mencionar la compenetración del espectador con el espacio, gracias a una estética brillante, que en compañía de la música y la presencia de los penetrantes efectos de sonido, (las botas, el roce de los esquís con la nieve, el teleférico, etc) contribuyen a la creación del clima intenso que su director Ruben Östlund busca conseguir. Solo queda por agregar, que en la búsqueda por encontrar films innovadores, Force Majeure: La traición del instinto sale airosa, ofreciéndonos un cine inquietante y repleto de matices.

9.0

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