Rolando Gallego
29/10/2014 14:19

Diego Recalde dirige, escribe y protagoniza Tenemos un problema, Ernesto (2014) una comedia que se inicia con la simple anécdota de Ernesto y la misteriosa desaparición de su pene de un día para otro.

Tenemos un problema, Ernesto

(2014)

Así sin más, luego de levantarse de su sillón, en el que pasa horas y horas mirando TV, Ernesto (Diego Recalde) descubre que su miembro viril ha desaparecido. Desesperado intentará recuperar, de alguna manera, esa parte que lo hace “hombre” en los lugares más inesperados y atípicos a los que se pueda imaginar. Ernesto convive con su novia (Paula Kohan) y justamente ella será la persona a la cual ocultarle el proceso de transformación corporal que sufrió, refugiándose en excusas que sólo hacen más que complicarlo.

Tenemos un problema, Ernesto apela al absurdo y a la desestructuración de estereotipos que en la misma exposición en pantalla sólo afirman su intención clara de desenmascarar un estado de cosas. Programas de televenta, que disfrazados de ayuda, serán el primer objetivo de Ernesto de encontrar su pene. Así un conductor de un envío sobre ovnis y una “médium”, tratarán de visualizar correctamente cuál es el problema que tiene. Pero las respuestas no llegan, y el pene tampoco aparece, así que en su desesperación intentará con otras alternativas (pediatras, sexólogos, nutricionistas, etc.) que sólo hacen aún más ridículo su planteo y muestra del problema.

Recalde construye un film entretenido, con algunos momentos graciosos, a través de la trasposición casi literal de la novela de su propia autoría. No hay grandes movimientos estilísticos, como así tampoco un virtuosismo detrás de la cámara, pero si hay una sobreexposición del ridículo que interpela directamente al espectador. En cada momento en el que Ernesto tiene que contar su “problema” y en cada exhibición del mismo hay una posibilidad, que particularmente en el corpus total del film lo que hace es cortar la narración y dividirla en episodios que funcionan como capítulos de la epopeya de Ernesto para encontrar su miembro. Hay algo interesante, por fuera de la historia, que es la incorporación de personajes que hablan de la idiosincrasia y particularidad argentina desde el humor. Estos logran potenciar su discurso (el taxista, el chamán, el médico) a fuerza de gags y humor.

Tenemos un problema, Ernesto hace de una anécdota una película, y si bien en algunos momentos la anécdota ya cansa, en la incorporación de situaciones y el desarrollo de logrados secundarios su personaje se afirma en la desgracia. Es que a Ernesto no sólo le falta el pene, sino que además va sufriendo una serie de calamidades que sólo potencian el carácter grotesco y triste de su personaje. Lo roban, lo burlan, lo timan, lo estafan. Desde que el pene se fue todo se hace cuesta abajo para él.

Con un lenguaje más cercano a la TV (de donde proviene Recalde) pero con una clara intención, la de entretener y hacer reír, la película funciona siempre y cuando, no se le solicite más que pasar el rato.

6.0

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