Benjamín Harguindey
22/09/2014 12:24

Película uruguaya hecha en co-producción argentina, Una noche sin luna (2014) de Germán Tejeira se segmenta en tres “historias mínimas” contadas en sucesión pero que ocurren todas en la misma noche de Fin de Año, en un “medio de la nada” uruguayo llamado Malabrigo que sirve de escenario para los protagonistas, que se encuentran cada uno en su propio “medio de la nada” existencial.

Una noche sin luna

(2014)

El primero es César (Marcel Keoroglián), un afable padre divorciado que se dirige a la casa de su ex mujer y su nueva pareja con un regalo para su hija Lucía, cuya relación se ha distendido. Luego está Antonio (Roberto Suárez), un mago de poca monta que se dirige a animar una fiesta pero pincha una goma y se extravía en un solitario peaje atendido por Laura (Elisa Gagliano). El último es Molgota (Daniel Melingo), un cantautor con permiso para salir de prisión la noche de fin de año para animar la misma fiesta.

La clave es la soledad. Cada personaje se encuentra demasiado ensimismado y tiene problemas para relacionarse con los demás. César intenta reanimar su relación con su hija, pero no sabe muy bien cómo, excepto a través de regalos desesperados. Antonio, experto en distraer y manipular con trucos, es incapaz de ser honesto con Laura, a pesar de amigarse con ella en el transcurso de la noche. Molgota es el más parco de los tres, y su drama se resume en la imposibilidad de conectar con su público, que ignora su sentida performance.

Los tres personajes se ven conectados por un súbito apagón (en la epónima noche sin luna) que pone en juego el curso de sus historias, y no nos enteramos de la resolución de cada una hasta el final. De las tres historias, la más interesante resulta la del medio, un “boy meets girl” atípico con una conclusión emocionalmente desgarradora. Las otras dos son más obvias y no guardan grandes sorpresas, aunque la primera cuenta con la presencia entrañable de César y de su hija.

Una noche sin luna es una atractiva película – acaso predecible – que cultiva sin mucho apuro una atmósfera melancólica, y estudia a sus personajes con minuciosidad. Da la sensación de comprenderlos y quererlos. Eso no ocurre muy seguido.

8.0

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