Emiliano Basile
01/05/2014 21:16

La última película escrita y dirigida por John Turturro se presenta como una fábula romántica sobre el amor, la soledad y el sexo. Pero quien realmente sobresale en Casi un gigolo (Fading Gigoló, 2013), es el personaje de Woody Allen, ideal para este tipo de historias que plantean dilemas morales con humor.

Casi un gigolo

(2013)

Murray (Woody Allen) y Fioravante (John Turturro) son amigos muy opuestos, por eso y lejos de llevarse mal, se complementan a la perfección: uno es petiso desgarbado y hábil para los negocios, el otro grandote, físico y sensible. Cuando Murray cierra su librería le surge la idea de cambiar de rubro y convertirse en caficho: ofrece a su amigo como amante ocasional a mujeres que necesiten afecto. Así empieza una historia de negocios el primero, al contactar a las mujeres, y de sábanas el segundo, al mostrar al sexo opuesto sus dotes de seductor. Como en toda comedia, lo divertido pasa por la versatilidad de la clientela: una mujer despechada con su marido (Sharon Stone), otra en busca de dominación (Sofía Vergara), y la última, aquella que generará el dilema moral, una judía ortodoxa que ha enviudado (Vanessa Paradis).

Turturro construye un relato agradable a los ojos del espectador: colores cálidos, con la acción transcurriendo siempre de día, suaves melodías de jazz sonando de fondo, y con una narración que avanza parsimoniosa con leves movimientos de cámara. El uso de los recursos responde al clima otoñal que el actor de Barton Fink (Joel y Ethan Coen, 1991) quiere lograr: trasmitir la delicadeza que las mujeres solitarias esperan recibir de su amante.

Así se desarrolla la temática del film, que pone en evidencia la falta de afecto del sexo femenino, y las estructuras morales de los habitantes de Brooklin. El espectador es seducido de la misma manera que las mujeres y llevado con delicadez y humor por las desventuras de Allen y Turturro. La intromisión en el universo judío ortodoxo viene a funcionar como chiste por un lado y como estructura rígida a la cual deberán enfrentarse los protagonistas, por otro.

Pero Casi un gigolo es inteligente como relato, y sabe evitar en todo momento la confrontación, aquellos temas que ya son polémicos desde el vamos (la comercialización del sexo, la rigidez del dogma hebreo, la perversión sexual) y pueden llegar a molestar a alguien, son evitados mediante un corte de montaje, chiste o cambio de situación. Así la película logra ser una comedia liviana y agradable, que tiene su punto fuerte en la divertida figura de Woody Allen, siempre filoso con sus comentarios y de torpe comportamiento.

7.0

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