Juan Ignacio Sapia
07/04/2014 14:03

La ópera prima de Stuart Hazeldine ubica la tensión y el suspenso en un contexto que resulta bastante conveniente para ello: una entrevista de trabajo.

El examen

(2009)

El mundo de la distribución y exhibición cinematográfica es azaroso e imprevisible. Muchas veces el capricho de los distribuidores hace que algunas películas no lleguen a estrenarse en nuestras salas y queden flotando en un limbo que no merecen. El caso de El examen (Exam, 2009) es un poco así: estrenada originalmente en 2009 en el festival de Edimburgo, esta película inglesa desembarcó en la mayoría de los países directamente en DVD. Sorprendentemente, cinco años después de su estreno original, llega a nuestras salas.

La ópera prima de Stuart Hazeldine toma la forma de película acertijo, a la manera de El juego del miedo (Saw), pero traslada la acción a un contexto que resulta quizás aún más escalofriante que los jueguitos de James Wan: una entrevista de trabajo. Un grupo de ocho hombres y mujeres llegan a la prueba final de un proceso de selección para encontrar un nuevo empleado. Por lo que se ve en los primeros minutos de la película, las pruebas fueron bastante más retorcidas que lo común: todos ellos tienen alguna marca, moretón o herida producto del examen.

Para la prueba final, la empresa encierra a los ocho en una habitación cuadrada- símil prisión de alta seguridad-, les da 80 minutos para contestar una pregunta y tres reglas: el que solicite salir de la habitación, quedará eliminado; quién se dirija al examinador, quedará eliminado; quién estropee accidental o voluntariamente su papel, quedará eliminado. Lo verdaderamente complicado empieza cuando ven que en la hoja que les dieron no hay ni rastro de una pregunta. Nada. Uno de ellos se da cuenta de que el desafío está en que colaboren entre todos para encontrar una respuesta. Y ahí comienza el verdadero examen.

Con el pulso de un thriller, algo entorpecido por los diálogos, no siempre creíbles, Hazeldine va haciendo caer de a uno a los participantes con la perversión de un jefe de recursos humanos. Hasta ahí, todo va bien. Hasta que una revelación sobre la empresa contratadora traslada el asunto hacia el forzado terreno de la ciencia ficción. ¿Decisión artística o agotamiento de la variable realista en el guión? El ánimo de denuncia sobre la deshumanización empresaria, que se anuncia desde el vamos, sale perdiendo.

Sin embargo, El examen no termina siendo una mala película. Entre la ultraviolencia de El juego del miedo o Hostel y la tensión de El método, de Marcelo Piñeyro, Hazeldine construye una pieza correcta, que no olvida nunca la regla más importante del thriller: pase lo que pase, nunca bajar la guardia ni perder la tensión.

7.0

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